Peacocke
I.M:
"El Costo de la NuevaVida"
por Arthur Peacocke
Del libro "The Work of Love - Creation as Kenosis" (Traducido del inglés).
Dios
y la Evolución Biológica
(a) La evolución biológica es continua y
evidencia la emergencia de nuevas formas de vida. Actualmente es
aplastante la evidencia de una continua emergencia de nuevas formas de vida,
a partir de conglomerados originales auto-reproductores de componentes previos
inorgánicos. Desde las inferencias más generales de Darwin y Wallace,
de que este proceso es la mejor explicación de las diversas y amplias
observaciones de las relaciones de variación de organismos actuales y
pasados con una multitud de factores ambientales y su reforzamiento mediante
la genética, se agrega ahora, con el surgimiento en el siglo veinte de
la biología molecular, la evidencia conclusiva inter alia de:
la universalidad en todos los organismos vivos del por otra parte arbitrario
código genético (entre tripletas de nucleótidos de ADN
y aminoácidos de proteínas); la correspondencia entre las genealogías
de secuencias de aminoácidos en proteínas particulares comunes
a un amplio abanico de diferentes especies con árboles evolutivos derivados
de fundamentos paleontológicos y morfológicos; y la correspondencia
de los cambios en las secuencias nucleótidas de ADN con estos mismos
árboles evolutivos. En realidad, la genealogía basada en este
detectivesco trabajo molecular ha amplificado, y rellenado muchos huecos, en
el registro fósil de las criaturas provistas de estructuras óseas
capaces de perdurar, y ha iluminado las relaciones evolutivas de los organismos,
como las bacterias. La gradualidad acentuada de los cambios moleculares así
descubiertos, enfatiza una vez más la lentitud, pero verdadera continuidad,
de los procesos de evolución biológica durante los alrededor de
tres mil millones de años transcurridos desde que la Tierra estuvo suficientemente
fría para permitir la existencia de complejos macromoleculares, algunos
de los cuales devinieron auto-replicantes y por lo tanto "vivos".
Los
procesos ocurridos pueden caracterizarse también por exhibir emergencia,
ya que nuevas formas de materia, y una jerarquía de organización
de estas mismas formas, aparecen en el transcurso del tiempo. Estas nuevas formas
tienen nuevas propiedades, comportamientos, y redes de relaciones, que necesitan
no sólo de métodos específicos de investigación,
sino también del desarrollo de nuevos conceptos epistemológicamente
irreductibles para ser descritos y referirse a ellos. Está justificado
adscribir, a estas nuevas organizaciones de materia, nuevos niveles de lo que
sólo puede llamarse "realidad": puede decirse que nuevas clases
de realidad "emergen" con el tiempo. Sobre la superficie de la Tierra,
han venido a la existencia nuevas formas de materia viviente (esto
es, organismos vivos) mediante este proceso continuo -esto es lo que entendemos
por evolución.
Sobre
nosotros hay estampada inexorablemente una imagen dinámica de un mundo
de estructuras vivientes envueltas en continuo e incesante cambio y en incesante
proceso. Por lo tanto, queda excluida cualquier concepción estática
de la manera en que el "Dios" da existencia a todo-lo-que-es y lo
sostiene y mantiene en el ser. Ya que en el mundo aparecen nuevas estructuras
y procesos en el transcurso del tiempo, la acción de Dios como Creador
es pasada y presente: es continua. La perspectiva científica de un cosmos,
y del mundo biológico en particular, que se desarrolla continuamente
en el tiempo con la emergencia de lo nuevo, re-introduce, en nuestra comprensión
de la relación creadora de Dios al mundo, un elemento dinámico
que, aun oscurecido por la atribución de la "creación"
a un evento en el pasado, estuvo siempre implícito en la concepción
judía de un "Dios viviente". Estamos aquí muy lejos
de cualquier modelo de un dios tipo-Atlas sosteniendo el mundo en sus hombros.
Cualquier noción de Dios como Creador debe ahora afirmar que Dios está
continuamente creando, continuamente dando existencia a lo nuevo; que Dios es
semper Creator; que el mundo es una creatio continua. La noción
tradicional de Dios sosteniendo el orden general y la estructura del mundo tiene
que ser reemplazada ahora por una que tenga una dimensión dinámica
y creativa -un modelo de Dios dando continua existencia a un proceso de creatividad
intrínseca, conferida por Dios y manifestada en un "tiempo"
que es asimismo dado por Dios. Como dijo Frederick Temple en sus Bampton Lectures
de 1885, "Dios no hizo las cosas, podemos decir, sino hizo que ellas se
hicieran a sí mismas."
La
evolución biológica nos lleva a tomar más en serio y más
concretamente que hasta ahora la noción de la inmanencia de Dios Creador
-que Dios es el Creador Inmanente que crea en y mediante el proceso del orden
natural. Yo insistiría en que todo esto tiene que tomarse en un sentido
muy fuerte. Si se pregunta dónde vemos a Dios-Creador durante, digamos,
los procesos de evolución biológica, hay que responder: "Los
procesos mismos, tal como son descubiertos por las ciencias biológicas,
son Dios-actuando-como-Creador, Dios qua Creador." Esto
no es panteísmo, porque es la acción de Dios la que es
identificada con el proceso creativo de la naturaleza, no Dios mismo. Dios da
existencia, en el tiempo creado por él, a un proceso que por sí
mismo produce lo nuevo: de este modo está Dios creando.
(b) La evolución biológica procede
"naturalmente" -esto es, por procesos que son accesibles y hechos
inteligibles por la biología y otras ciencias naturales. Esto implica
que no es necesario buscar a Dios de alguna manera como una especie de factor
adicional inaccesible para la ciencia, que suplemente estos procesos
creativos del mundo, cuya existencia les está dada realmente por
Dios. Si es así, los procesos revelados por la biología evolucionista
son, para los teístas, en sí mismos Dios-actuando-como-Creador.
Para justificar esto tenemos que preguntarnos si las ciencias proveen una explicación
suficiente de los cambios biológicos y del curso global de la
evolución.
Todos
los biólogos estarían de acuerdo en que la selección natural
es un factor principal de la evolución biológica, y la mayoría
dirían que es, con mucho, el más significativo. Para algunos,
como Richard Dawkins, es el único factor. Debe reconocerse que los efectos
de la selección natural pueden ser demostrativamente muy sutiles, y hasta
a menudo contraintuitivos, para producir estructuras complejas y afectar a los
patrones de comportamiento. Opera ciertamente a nivel genético y en selección
de grupo, lo que fue antes rechazado pero ha sido re-introducido recientemente.
Hay muchos otros factores que siguen siendo defendidos por los biólogos,
todos ellos naturalistas -es decir que caen dentro del alcance de, y son investigables
por, los métodos científicos. Una de las consideraciones
recientes más interesantes, referente a cómo puede ocurrir la
evolución, es el trabajo teórico de Stuart Kaufmann, que muestra
cómo las constricciones y la selectividad que son efectos de principios
auto-organizativos pueden configurar las posibilidades de elaboración
de estructuras y hasta dirigir su curso. Este tema ha sido desarrollado más
ampliamente por Ian Stewart, quien muestra cómo las teorías matemáticas
de la complejidad pueden ayudar a explicar el origen y la evolución de
la vida, y cómo hay leyes matemáticas que controlan la respuesta
del organismo que crece a sus instrucciones genéticas -la clave para
comprender su crecimiento y formación. Todo lo cual puede conducir a
maneras de interpretar menos reduccionísticamente y más holísticamente,
con pureza científica, a los organismos vivientes y su evolución.
Debo
enfatizar que todas estas propuestas son de contenido enteramente naturalista,
sin requerir la intervención de un deus ex machina, ni fuerzas
especiales o eventos dirigidos por una divinidad. Son parte de las investigaciones
en curso, e inevitable debate, en la biología teórica y experimental,
y suponen que hay un proceso básicamente darwiniano, aun cuando difieren
respecto de su velocidad y uniformidad. Siendo así, tiene que reconocerse
que la historia de la vida en la Tierra contiene azar en una forma impensable
antes de Darwin. Hay una creativa interacción de "azar" y ley,
en la evolución de la materia viva mediante selección natural.
Porque la evolución biológica depende de un proceso en el que
ocurren cambios en el material portador-de-información-genética
(ADN), cambios que son puramente físicoquímicos y aleatorios con
respecto a la forma biológica y las necesidades del organismo poseedor
del ADN -aleatorios con respecto a su necesidad de producir progenie para la
supervivencia de la especie. Lo que llamamos "azar" está contenido
en el nivel del evento de mutación del ADN mismo, y en la intersección
de dos cadenas de eventos causalmente independientes -a saber, los cambios en
el ADN y las consecuencias de esos cambios para la supervivencia en su nicho
biológico particular. La interacción con el nicho biológico
del organismo hace de filtro, de manera enteramente comprensible, de esos cambios
del ADN que capacitan al organismo que los posee para producir mayor progenie.
Eso es la "selección natural".
Como
voy a sugerir, la presencia de lo que llamamos "azar" en el nivel
de mutación del ADN, no impide, por sí misma, que esos eventos
exhiban tendencias regulares y manifiesten propensiones internas en los niveles
superiores de organismos, poblaciones y ecosistemas. Llamar evento "azaroso"
a la mutación del ADN, sirve simplemente para subrayar su aleatoriedad
respecto de la consecuencia biológica. Como lo he expresado anteriormente
(en una respuesta apoyada y ampliada después por otros) :
En
vez de asustarnos por el papel del azar en las mutaciones genéticas,
como si fuera manifestación de irracionalidad en el universo, sería
más consistente con las observaciones afirmar que la plena gama de potencialidades
de la materia viva puede ser explorada sólo mediante la acción
de la rápida y frecuente aleatoriedad [randomization] que es
posible en el nivel molecular del ADN.
Este
papel del "azar", o más bien la aleatoriedad (o "libre
experimentación") en el nivel-micro, es lo que se debía esperar
si el universo está constituído de manera que la serie de formas
de organización posibles de la materia (viva y no-viva) que contiene
debe ser exhaustivamente explorada. Esta "exploración" tiene
lugar con las limitaciones de la irreversibilidad de los procesos históricos
y con la cancelación, pues, de algunas potencialidades mientras otras
son realizadas. Cada etapa de la evolución constituye la plataforma de
lanzamiento de la siguiente, de manera que el proceso contiene un elemento de
contingencia. Es la interacción del azar y la ley lo que es creativo
con el tiempo, porque es la combinación de ambos lo que permite que emerjan
y evolucionen nuevas formas -así que la selección natural resulta
ser oportunista. Como en muchos juegos, las consecuencias de los eventos aleatorios,
la caída de un dado, depende mucho de las reglas del juego. Cada vez
está más claro que es el azar operando dentro de un marco de leyes
lo que es la base de la creatividad inherente del orden natural, su habilidad
para generar nuevas formas, patrones, y organizaciones de materia y energía.
Si todo estuviera regido por leyes rígidas, prevalecería un orden
repetitivo y no-creativo; si rigiera sólo el azar, no habría formas,
patrones u organizaciones persistentes el tiempo suficiente para tener una identidad
o existencia real, y entonces el universo nunca podría ser un cosmos,
ni ser susceptible de indagación racional -sería, o bien una rígida
máquina repetitiva o un caos primigenio como el de Hesíodo. Es
la combinación de los dos lo que hace posible un universo ordenado capaz
de desarrollarse dentro de sus propios nuevos modos de existencia. Las "reglas"
del "juego" de la evolución son las que son gracias a las propiedades
del entorno físico y de los otros organismos vivos ya evolucionados,
con los cuales interactúa el organismo en cuestión.
Estas
propiedades, este "dato", para un teísta, sólo pueden
verse como un aspecto de las capacidades con las que Dios ha dotado al mundo.
El modo en que opera lo que llamamos "azar", en este marco, para producir
nuevas estructuras, entidades y procesos, puede verse entonces apropiadamente
como una activación, por parte del Creador, de las potencialidades que
el cosmos físico poseía ab inicio [desde el inicio].
Un teísta debe ver estas potencialidades como puestas en la creacion
según la intención y propósito del Creador, y debe concebirlas
como realizándose gradualmente mediante el "azar", que estimula
su venida a la existencia.
Para
un teísta, debe verse ahora a Dios como creando en el mundo por el procedimiento
de dar a existencia procesos que suponen azar. Dios es el último fundamento
y fuente tanto de las "reglas del juego" (ley o necesidad) como del
"azar". El Creador, parece, dota y despliega las potencialidades del
universo en y mediante un proceso, en el cual estas posibilidades creativas,
que Dios quiso inherentes a las entidades fundamentales de este universo y sus
interrelaciones, lleguen a realizarse dentro de un desarrollo temporal creado,
conformado y determinado por esas mismas potencialidades dadas por Dios. Pero
el procedimiento contiene aleatoriedad, así que hay una apertura-final
en la dirección que los procesos pueden tomar en cada circunstancia -una
apertura que, retrospectivamente, aparece como mera contingencia al observador
humano. Además, el teísta debe aceptar que hay un sentido en el
que Dios está, se diría, "arriesgándose" al crear
mediante tal proceso, basado en mutaciones aleatorias en el nivel del ADN, y,
en el nivel del entorno, en la contingencia de los eventos macroscópicos
que afectan a la viabilidad del organismo que posee las mutaciones.
(c) La evolución biológica manifiesta tendencias
significativas. ¿Existe alguna evidencia objetiva, no sesgada antropológicamente,
de direcciones o al menos tendencias en la evolución biológica?
Los biólogos han sido especialmente cautelosos al no responder afirmativamente
a esta pregunta, porque la evolución se representa mejor, biológicamente,
no como una especie de árbol de Navidad, con el homo sapiens
en una posición pseudo-angélica coronando la punta superior, sino
más bien como un matorral. Como lo describió Stephen J. Gould:
"La vida es un matorral de abundantes ramas, podado por la implacable guadaña
de la extinción, no una escalera de progreso predecible." Luego,
Gould desafía a cualquier idea de dirección en la evolución
hacia la humanidad, así:
"Si
la humanidad se despertó sólo ayer, como un pequeño brote
en una rama de un árbol floreciente, entonces la vida no puede,
en ningún sentido verdadero, existir para nosotros o por nosotros. Tal
vez somos sólo una tardía ocurrencia, una especie de accidente
cósmico, una chuchería en el árbol de Navidad de la evolución."
Sin
embargo, G.G. Simpson puede afirmar que: "Dentro del marco de la historia
evolutiva de la vida ha habido, no sólo una, sino muchas clases diferentes
de progreso." Otros biólogos, a la vez que admiten que pueden trazarse
tales líneas en el matorral evolutivo, serían, comprensiblemente,
más cautos en llamarlas "progreso".
No nos debe despistar la aleatoriedad de las mutaciones
-cierta lesión y/o alteración del ADN de un organismo, que produce
un cambio en el gene codificado en torno a ese punto- e inducirnos a pensar
que ninguna dirección puede manifestarse nunca en el proceso evolutivo.
Porque las consecuencias, para un organismo, de una mutación en su ADN,
dependen del entorno de todo el organismo, incluyendo no sólo su ambiente
físico (recursos alimenticios, habitat, etc.) sino también la
presencia inter alia de depredadores y simbiontes. A la luz del papel
predominante de la selección natural en la evolución, la pregunta
pertinente, por lo tanto, es: "¿Hay particulares propiedades y funciones
de organismos vivos, que puedan resultar de mutaciones del ADN y puedan considerarse
útiles en sí mismas para la evolución, que ocurran porque
son ventajosas en la selección natural (para la supervivencia de la progenie)
de los organismos que las posean?"
Tenemos aquí una situación en la que operan
las que F. Dretske ha llamado "causas estructurantes", es decir, la
influencia de eventos gatilladores independientes (quizá aleatorios)
en la subsiguiente forma y estado de los sistemas en que ocurren estos eventos.
También corresponde a lo que Karl Popper llamó una "propensión"
de la naturaleza a la aparición de ciertas propiedades. Él argüía
que una mayor frecuencia de cierto tipo de evento puede usarse para testear
si hay o no, inherente en una serie de eventos (equivalente a lanzamientos de
un dado), una tendencia o propensión a realizar el evento en cuestión.
No se trata de una no-aleatoriedad del evento inicial (si pensamos en dados
- no están "cargados") sino de las consecuencias de
ese evento inicial en su contexto particular. Las propensiones son simplemente
los efectos del contexto en los resultados de eventos aleatorios. Popper apuntaba
que la realización de posibilidades, que pueden ser aleatorias,
depende de la situación total dentro de la que se están realizando
las posibilidades de manera que "existen posibilidades preferidas,
que son más que meras posibilidades, son tendencias o propensiones
a la realización" y que estas "propensiones en física
son propiedades de la situación global y a veces hasta del modo
particular en que cambia una situación. Y lo mismo acontece para las
propensiones en química, en bioquímica, y en biología."
Yo sugiero que hay propensiones, en este sentido
popperiano, en la evolución hacia la posesión de ciertas características;
propensiones dispuestas en un proceso evolutivo, porque la selección
natural de los mejores procreadores favorece en general la adquisición
de ciertas capacidades. Pues hay algunas capacidades que en forma natural
refuerzan la supervivencia para la procreación en ciertos entornos muy
comunes, esto es, que favorecen la selección natural del organismo que
las posee. Entre la plétora de tales capacidades de organismos vivos,
hay un número de ellas que son características del homo sapiens
y merecen nuestra mayor consideración. Son las siguientes:
(i) Complejidad. El cerebro humano es
el sistema natural más complejo que conocemos. ¿Hay una propensión
a la complejidad en la evolución biológica? Ciertamente, parece
haberla, y la "complejidad creciente" fue incluida en la lista de
Simpson como característica de ello. ¿Qué significado debemos
atribuir a esto? ¿Es simplemente que la "evolución biológica
es un proceso divergente y errático más que una progresión
inexorable hacia una complejidad creciente" de manera que la evolución
meramente permite la emergencia de nueva complejidad, pero no la necesita? Cuando
una criatura enfrenta algún nuevo desafío de su entorno, es razonable
suponer que serán seleccionadas las mutaciones que favorezcan la adquisición
de alguna nueva estructura y/o función que capacite a la criatura para
producir mayor progenie en las nuevas circunstancias. El hecho es que ha
habido, tomando la evolución biológica en conjunto, una emergencia
de organismos crecientemente complejos (aun cuando en algunas líneas
evolutivas muy estables, en nichos muy estáticos, haya habido una pérdida
de complejidad y en consecuencia de organización). Así que, según
los criterios de Popper enunciados antes, sería correcto decir que hay
una propensión a la complejidad creciente en la evolución de los
organismos vivos.
La
necesidad de organización para la supervivencia fue bellamente
demostrada por H.A. Simon, quien mostró que la más simple organización
modular de, digamos, la estructura de un reloj, de manera que cada módulo
tenga una limitada estabilidad, conduce a un enorme incremento de supervivencia
durante la manufactura, de cara a eventos destructivos aleatorios. Por lo tanto,
los incrementos de complejidad y organización (agrupados en adelante
bajo el término "complejidad") que observamos durante la evolución
en el mundo biológico, son completamente inteligibles como contribuyentes
al éxito en la selección natural y no son en absoluto misteriosos
en el sentido de requerir una explicación no-naturalista.
(ii)
Habilidad para procesar información y almacenarla. Cuanto
más capaz es un organismo de recibir señales, registrarlas y analizarlas,
y usar la información para hacer predicciones útiles para la supervivencia
sobre los cambios de su entorno, más serán sus posibilidades de
supervivencia bajo las presiones de la selección natural en una amplia
variedad de habitats. En otras palabras, hay una propensión a la formación
de sistemas que tengan las funciones que ahora reconocemos en los sistemas nerviosos
y los cerebros. Tal habilidad para procesar información y almacenarla
es realmente la condición necesaria, si no suficiente, para la emergencia
de la conciencia.
(iii)
Dolor y sufrimiento. Esta sensitividad para, esta sensibilidad de,
el entorno, implica inevitablemente un incremento de la habilidad de sentir
dolor, que constituye las necesarias señales biológicas de aviso
de peligro y enfermedad. Es imposible conseguir un incremento de la habilidad
de procesar información sin un incremento de sensitividad hacia el entorno,
en el sistema de señales del organismo. Así pues, un incremento
de la capacidad de "procesar información", con las ventajas
que ofrece en la selección natural, no puede sino tener su corolario
en un incremento, no sólo del nivel de conciencia, sino también
de la experiencia del sufrimiento.
Cada
incremento de sensitividad, y eventualmente de conciencia, al avanzar la evolución,
eleva inevitablemente y acentúa la incidencia, tanto de los elementos
benéficos y vitalizadores, como de los perniciosos y desvitalizadores,
en el mundo en que se encuentra el organismo. Están elevándose
continuamente los listones, por así decir, del goce y de la pena, y el
organismo vivo aprende a discriminar entre ambos. Así, el dolor y el
sufrimiento, por una parte, y la conciencia de placer y bienestar, por otra,
son emergentes en el mundo; y puede decirse que hay una propensión hacia
ellos. Desde un punto de vista puramente naturalista, la emergencia del dolor
y su componente de sufrimiento, al aumentar la conciencia, parecen ser aspectos
inevitables de cualquier proceso de desarrollo concebible que se caracterice
por un incremento continuo de la habilidad de procesar y almacenar información
sobre el entorno. En el contexto de selección natural, el dolor tiene
un efecto energético, y el sufrimiento es un acicate para la acción:
ambos tienen valor de supervivencia para las criaturas que se ven enfrentadas
continuamente a nuevas situaciones problemáticas que son un desafío
a su supervivencia. Holmes Rolston ha estudiado esta característica de
la evolución biológica -él la llama "naturalismo cruciforme".
La sensibilidad, dice él, evoluciona con la capacidad de separar las
"ayudas" de los "daños" en el mundo: con la sensibilidad
aparece el cuidado. "El dolor es una fuerza energizante", así
que "en la teoría evolutiva, el dolor debe poseer, estadísticamente,
un alto valor de supervivencia, por lo cual ha sido seleccionado, y con una
selección en contra del dolor contraproducente... El sufrimiento es clave
para el conjunto, no intrínsecamente, no como un fin en sí mismo,
sino como un principio transformador, que se troca en su opuesto."
En relación
a cualquier reflexión teológica, es necesario enfatizar que el
dolor y el sufrimiento está presentes en la evolución biológica
como condiciones necesarias para la superviviencia del individuo, mucho antes
de la aparición de seres humanos. De manera que la presencia del dolor
y el sufrimiento no pueden ser el resultado de ningún pecado humano en
particular, aunque es indudable que los seres humanos los experimentan con una
sensibilidad más elevada y, en mayor medida que cualesquiera otras criaturas,
se los infligen mutuamente y a otros seres vivos.
(iv) Autoconciencia y
lenguaje. Si un sistema de procesamiento y almacenamiento de información
es capaz de controlar su propio estado en cualquier momento, entonces
tiene por lo menos la base para comunicar la naturaleza de ese estado a otros
sistemas similares. Así que, suponiendo que el aparato físico
para la comunicación también ha evolucionado, se hace posible
la capacidad de lenguaje, especialmente en los sistemas más desarrollados.
En otras palabras, hay una propensión intrínseca a la adquisición
del lenguaje, como vemos en muchas otras formas del mundo viviente no-humano,
y desarrollar así la base necesaria para la autoconciencia. Esta
constituye una ventaja en la selección natural, porque es la base para
la compleja cooperación social entre las criaturas que la poseen (hasta
ahora, supremamente el homo sapiens) con todas las ventajas que esto
da contra los depredadores y para obtener alimento.
Es interesante
notar que Richard Dawkins también incluye entre los umbrales que deben
cruzarse naturalmente en "una cronología general de la
explosión de la vida en cualquier planeta, dondequiera en el universo...
umbrales que se espera que cruce cualquier bomba de replicación planetaria,"
aquellos de: procesamiento de información de alta velocidad, logrado
mediante la posesión de un sistema nervioso; conciencia (concurrente
con cerebros); y lenguaje.
Dada
la concepción inmanentista de la presencia de Dios "en, con, y bajo"
los procesos de evolución biológica aceptados hasta este momento,
¿puede decirse que Dios esté implantando algún propósito
en la evolución biológica? He dado razones para postular que,
brotando de la interacción de selección natural entre el organismo
y su entorno, hay propensiones en la evolución para la posesión
de ciertas carcterísticas. Debemos recordar que el uso de este término
no significa que "los dados están cargados" en ningún
sentido -que la base de mutaciones para la selección natural es no-aleatoria
de alguna manera- sino que las consecuencias para la especie, de las
mutaciones aleatorias, dependen del entorno del organismo (en el sentido más
amplio) y que esto puede favorecer a algunas características más
que a otras. Entre esas consecuencias inherentes a un proceso evolutivo
basado en la selección natural, hemos identificado: incremento de complejidad;
procesamiento y almacenamiento de información; conciencia; sensitividad
al dolor; y hasta la autoconciencia (un prerrequisito necesario para el desarrollo
social y la transmisión cultural del conocimiento a las generaciones
posteriores). Algunas formas sucesivas, en alguna rama o "brote"
(à la Gould), tienen una probabilidad definida de manifestar más
y más características de éstas. La forma física
concreta de los organismos en que ello ocurre es contingente, por la historia
de confluencia de cadenas de eventos independientes, incluyendo la supervivencia
a sucesos de extinciones masivas. Sin embargo, el reconocimiento de estas propensiones
inherentes en la evolución sugiere que, provisto el tiempo suficiente,
es plausible que haya evolucionado y aparecido en la Tierra (o en algún
otro planeta adecuado a la emergencia de organismos vivientes) un organismo
complejo con conciencia, autoconciencia, organización social y cultural
(esto es, la base para la existencia de "personas") -aunque no necesariamente,
ni probablemente en realidad, vistas las contingencias de la historia humana-,
en la forma física concreta de homo sapiens. Puede haber,
me parece (pace Stephen Gould), dirección sobreimpuesta e implantación
de propósito divino mediante el azar (mutaciones) operando en un contexto
obediente-a-reglas (el entorno) sin un plan determinista que fije de antemano
todos los detalles de la(s) estructura(s) de lo que emerge eventualmente con
cualidades personales. Así pues, la emergencia de personas autoconscientes
capaces de relacionarse personalmente con Dios puede verse todavía como
una intención de Dios, quien está creando continuamente a través
de los procesos a que ha dado existencia -de esta manera contingente, y no de
alguna otra.
No
veo necesidad de postular ninguna acción especial de Dios -en
la línea, digamos, de ciertas manipulaciones divinas de las mutaciones
en el nivel cuántico, o de cierta especial "atracción"
de Dios en el Proceso- para asegurar que emerjan personas en el universo, y
en particular en la Tierra. Para no acuñar una frase nueva, ¡ "no
tengo necesidad de esa hipótesis"! En otras palabras, todo el proceso
que conduce a la emergencia de personas puede considerarse satisfactoriamente
como puramente naturalista, y por lo tanto como implantado por el ordenamiento
providencial general de Dios y su presencia inmanente en el mundo.
No hay obligación para los teístas de invocar ninguna acción
providencial especial por parte de Dios, y menos alguna intervención
en procesos naturales (sean cuánticos o "caóticos"),
para explicar la emergencia de personas autoconscientes, ya que esto parece
ser una consecuencia inherente a la naturaleza misma de estos procesos, tal
como han sido descubiertos por las ciencias -esos procesos dados por Dios, en
y mediante los cuales está actuando Dios como Creador. Es interesante
que cada vez más se ve que estos procesos incluyen principios direccionales
holísticos, con base matemática, y de este modo se puede explicar
naturalísticamente mucho de lo que antes había conducido a inferir
algún tipo de "atracción" o tirón que dirige
la evolución hacia las complejidades superiores.
(d) La evolución biológica es costosa;
contiene dolor, sufrimiento, depredación, y muerte. Hemos
sugerido que la experiencia del dolor es inevitable para una criatura que tiene
que percatarse de, y conseguir información sobre, su entorno, y así
evitar peligros. El dolor asociado al quebrantamiento de la salud debido a causas
orgánicas en general, también resulta ser simplemente una concomitancia
de ser un sistema complejo organizado, que incorpora sensores internos tanto
como externos. Cuando el dolor es experimentado por un organismo consciente,
el calificativo de "sufrimiento" viene a ser más apropiado
y, con la autoconciencia, emerge la empatía con el sufrimiento de otros.
La ubicuidad del dolor y el sufrimiento en el mundo viviente parece ser una
consecuencia inevitable para unas criaturas que han adquirido esos sistemas
de procesamiento y almacenamiento de información (observables como nervios
y cerebros en las etapas posteriores de la evolución) que son tan ventajosos
en la selección natural.
Las
estructuras vivientes complejas sólo pueden tener una oportunidad finita
de venir a la existencia si no son construidas de novo, por así
decir, a partir de sus sub-unidades básicas, sino emergiendo a través
de una especie de proceso modular mediante la acumulación de cambios
en formas más simples, como demostró H.A. Simon en su clásico
informe referido anteriormente ("The Architecture of Complexity" -
Proceedings of the American Philosophical Society 106, 1962). Habiendo aparecido
en escena, pueden entonces sobrevivir, debido a la finitud de sus lapsos vitales,
sólo incorporando en sus tejidos estructuras químicas complejas
preformadas, mediante el procedimiento de absorber materiales de otros organismos
vivos. Es difícil, para el químico y el bioquímico, concebir
cómo pueden construirse estructuras materiales complejas, especialmente
aquellas tan intrincadas de los organismos vivos, en tiempos del orden de magnitud
requerido, de otra manera que a partir de otras menos complejas, esto es, por
depredación. Así que hay una especie de lógica estructural
acerca de la inevitabilidad de que los organismos vivos se devoren entre sí
-casi tan "analítica" como lo es, para un matemático,
la imposibilidad de concebir un universo donde sean inaplicables las leyes aritméticas.
Porque no podemos concebir, en un universo legal, no-mágico, ningún
medio por el cual pueda aparecer la inmensa variedad de complejidad estructural
biológica creciente, en un tiempo finito, excepto utilizando estructuras
ya existentes, o bien por vía de modificación (como en la evolución
biológica) o de incorporación (como en la alimentación).
Las plantas se alimentan de materiales inorgánicos, y los animales tienen
que alimentarse de plantas, y algunos animales también de otros animales.
La lógica estructural es ineludible: las nuevas formas de materia surgen
sólo a través de incorporar, absorber, las viejas.
Además,
los nuevos patrones sólo pueden venir a existir en un universo finito
("finito" en el sentido de la conservación de la materia-energía)
si los patrones viejos se disuelven para dejarles sitio. Esta es una condición
para la creatividad del proceso, de su habilidad para producir novedad, que
en el nivel biológico observamos como nuevas formas de vida apareciendo
sólo a través de la muerte de las viejas. Porque la muerte
de los organismos individuales es esencial para dejar recursos alimenticios
a las nuevas apariciones, y las especies simplemente mueren al ser desalojadas
de "nichos" biológicos por otras nuevas, mejor adaptadas para
sobrevivir y reproducirse en ellos. Así que la muerte biológica
del individuo es el prerrequisito para la creatividad del orden biológico,
esa creatividad que eventualmente condujo a la emergencia de los seres humanos.
Para resumir, podemos decir que "la nueva vida a través de la muerte
de la vieja" (lo que J.H. Fabre llamó la "sublime ley del sacrificio")
es inevitable en un mundo finito compuesto por "bloques constructivos"
comunes (átomos, moléculas, macromoléculas) con propiedades
regulares.
¿Divino
deleite, pero con auto-donación y sufrimiento, en la evolución?
Cualquier
concepción actual de la relación de Dios al mundo, no puede ignorar
estos atributos de la manera en que ahora parece que Dios ha estado, y está,
creando el mundo viviente, incluyendo a la humanidad. Algo del impacto de este
conocimiento acerca del proceso creativo lo hemos advertido cuando hemos estado
describiéndolo. Pero ahora debemos retroceder para considerar el panorama
completo de nuestra comprensión de Dios.
Primero
debemos subrayar algunos atributos positivos en esta perspectiva. El proceso
de evolución biológica por selección natural ha sido caricaturizado
como "naturaleza, de rojos dientes y garras" ["nature, red
in tooth and claw"], primero por el poeta Tennyson (en In Memoriam,
antes de la publicación del Origen de las especies de Darwin),
luego recogido por biólogos anti-teístas -aunque debe reconocerse
que Darwin derivó hacia el agnosticismo debido tanto a este aspecto de
la evolución como al papel del azar. Sin embargo, es una caricatura,
porque -como ha señalado G.G. Simpson- la selección natural no
es ni siquiera en sentido figurado el resultado de la lucha, como tal. La selección
natural contiene muchos factores que incluyen una mejor integración con
el entorno ecológico, una más eficiente utilización del
alimento disponible, mayor cuidado de los jóvenes, más organización
social cooperativa -y mejor capacidad de supervivencia a esas "luchas"
cuando ocurren (¡recuérdese que a cualquier depredador le interesa
que su presa sobreviva como especie!).
También
tenemos que subrayar que el mundo natural es inmensamente variado en sus jerarquías
de niveles de entidades, estructuras, y procesos; en su "ser"; y se
diversifica abundantemente, con una fecundidad inagotable, en su "devenir"
en el tiempo. El matorral de ramificaciones múltiples, de la evolución
biológica terrestre, parece ser ante todo oportunista respecto de la
dirección a seguir y, haciéndolo así, produce la enorme
variedad de vida biológica de este planeta. Tenemos que concluir que,
si hay un Creador, entonces este Creador quiso esta rica diversidad, el entero
tapiz del orden creado, en su urdimbre y trama -y no simplemente como etapas
en el camino hacia el homo sapiens. La única forma que tenemos
de expresar el sentido de esto, recurriendo a nuestro lenguaje de estilo personal,
es diciendo que Dios experimenta algo parecido al "gozo" y "delicia"
con la creación -y no sólo con la humanidad (en realidad, quizá
más que con la humanidad, ¡considerando la historia del siglo veinte!).
Tenemos un indicio de esto en el primer capítulo del Génesis:
"Y Dios vio todo lo que había hecho, y he aquí que era muy
bueno." Esto conduce naturalmente a la idea del "juego" de Dios
con la creación, presente en el pensamiento hindú (lila)
como en el del judaísmo (Proverbios 8:27-31) y del cristianismo.
Pero
hay, como hemos visto, un lado oscuro -la ubicuidad del dolor, la depredación,
el sufrimiento y la muerte, en el proceso creador evolutivo. El teísta
no puede evitar preguntarse: "Si el Creador se propuso la aparición
en el cosmos de estructuras reproductivas complejas que pudieran pensar y ser
libres -esto es, personas libres auto-conscientes- ¿no había otra
manera menos costosa y dolorosa de llevarlo a cabo? ¿Era ésa la
única manera posible?" Esta es una de esas preguntas metafísicas
sin respuesta de la teodicea, a la cual nosotros sólo podemos contestar
basándonos en nuestra comprensión de los parámetros biológicos
(ya descritos) descubiertos por la ciencia como operantes en la evolución.
Éstos nos indican que hay constricciones inherentes respecto de cómo,
hasta un Creador omnipotente, puede traer a la existencia una creación
normada, destinada a ser un cosmos, no un caos, de manera que sirva de escenario
para la libre actividad de entidades complejas reproductivas autoconscientes,
y para la realización de la fecunda variedad de organismos vivos cuya
existencia es el deleite del Creador. Todo lo cual se expresa al atribuir la
misma existencia de todo-cuanto-existe a una Realidad Última auto-existente
llamada "Dios", cuya naturaleza intrínseca es tal que da existencia
a otras entidades para capacitarlas a compartir eventualmente la vida divina
inefable de esa Realidad. Ese Dios Creador debe concebirse actualmente no sólo,
como en la época pre-darwiniana, dando existencia y sosteniéndolo
todo, sino, ya lo he sugerido, como profundamente implicado en, con, y bajo,
los procesos evolutivos mismos de creación. Estos procesos tienen que
verse realmente como la propia acción de Dios como Creador.
Pero
si es así, entonces la ubicuidad del dolor, la depredación, el
sufrimiento, y la muerte, como medios en la creación por evolución
biológica, implica, para cualquier concepción de Dios que sea
moralmente aceptable y coherente, que no podemos sino proponer tentativamente
que Dios sufre en, con, y bajo, los procesos
creativos del mundo con su costoso despliegue en el tiempo. En otras palabras,
los procesos de creación resultan inmensamente costosos para Dios,
de una manera reflejada oscuramente en la experiencia ordinaria del coste de
la creatividad en múltiples aspectos de la existencia humana -ya sea
en el dar a luz, en la creación estética, o en la creación
y mantenimiento de las estructuras sociales humanas. Nosotros no somos
meros "juguetes de los dioses", o de Dios, sino compañeros,
como criaturas co-creadoras, del sufrimiento de Dios empeñado en el costoso
proceso de auto-donación que va produciendo la novedad.
He
estado hablando, analógicamente, de sufrimiento en
Dios, siendo este sufrimiento una identificación con, y una
participación en, el sufrimiento del mundo. En otros escritos he dado
razones para hablar en términos panenteístas, de Dios como "mayor
que" el mundo, y estando el mundo "dentro de Dios"; y también
para usar metáforas femeninas respecto de la creación por Dios
y del mundo "en Dios". La dimensión del sufrimiento, que estamos
aquí incorporando a nuestra comprensión de esa relación,
realza ahora el significado de este modelo femenino panenteísta.
Además, da un nuevo y penetrante sentido a la visión poética
de San Pablo, de una creación que sufre dolores de parto:
En
ansiosa espera, la creación desea vivamente la revelación de los
hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a la vanidad,
no espontáneamente, sino por voluntad de aquel que la sometió,
en la esperanza de ser liberada de la servidumbre
de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos
de Dios. Pues sabemos que la creación entera
gime hasta el presente con dolores de parto. (Romanos 8:19-22).
La
teología cristiana ha atribuído desde hace mucho tiempo una auto-limitación
a Dios, en la noción misma de que Dios crea algo diferente de Sí
mismo concediéndole cierto grado de autonomía. Por ejemplo, esto
ha sido representado por la idea de Dios "haciendo un espacio" (zimzum)
para el orden creado. Ahora, cuando reflexionamos sobre el proceso creativo
de evolución biológica, podemos empezar a entender que esta auto-limitación
suponía una costosa y dolorosa implicación, a cuenta del goce
final habido en la consumación última de los propósitos
divinos.
Tal
vez nos atrevamos a decir que hay un auto-vaciamiento y una auto-donación
(una kenosis) de Dios, un compartir los sufrimientos de las criaturas
de Dios, en los mismos procesos evolutivos creativos del mundo. Una percepción
así viene ahora a enriquecer la afirmación cristiana de la naturaleza
de Dios, mejor entendida como constituída inherentemente de Amor. Dios,
tenemos que conjeturar, "sufre" los males naturales del mundo junto
con nosotros porque -no podemos sino intentar sugerirlo- Dios se propone inter
alia conseguir así un bien mayor, a saber, el reino de las criaturas
orgánicas vivientes, que son el deleite de su Creador, y hasta personas
libres y amantes que tienen la posibilidad de la comunión con Dios y
entre sí. Ciertamente, puede decirse que la creación, en
cierto sentido, existe a través del sufrimiento: porque reconocemos
que el sufrimiento tiene poder creativo cuando está imbuído de
amor. El sufrimiento de Dios debe ser considerado como no meramente pasivo,
sino activo con intención creadora, una actividad que se manifiesta en
los procesos creativos del mundo. Dios produce nueva creación a través
del sufrimiento y, como veremos luego a la luz de la significación de
Jesucristo, vence así también al mal introducido en la creación
por los seres humanos libres. Puesto que la humanidad es libre de ir en contra
de la corriente del proceso creativo, de rechazar las intenciones creativas
de Dios, de estropear la creación de Dios, y de producir desarmonías
unilateralmente -y lo ha hecho permanentemente. Por lo tanto, tiene la capacidad
de causar sufrimiento a Dios de una manera distintiva especial.
Nuestro
dolor y sufrimiento humanos son incrementados por nuestra misma autoconciencia,
por nuestra empatía mutua, y por la habilidad emergente que tenemos de
cuestionar nuestra relación real con el Creador mientras sufrimos tales
experiencias. Cuando así cuestionamos, somos libres para rebelarnos contra
Dios y, en general en nuestra vida, para ignorar su divina presencia, aumentando
así el sufrimiento divino en el proceso creativo. Para Dios, se trata
claramente de una empresa riesgosa y costosa.
¿Se
propone Dios el "riesgo" de crear la humanidad?
Al
reflexionar sobre la naturaleza de la humanidad, estamos constreñidos
a que nuestras conclusiones sean coherentes con la inteligibilidad que, puede
sostenerse, provee la afirmación del mundo como creado, esto es, de la
existencia de Dios Creador. Esta inteligibilidad está en peligro de colapsar
en vista de la naturaleza enigmática y paradójica de la persona
que ha resultado de la evolución. ¿Qué hizo Dios, y qué
pensaba hacer, al hacer evolucionar esta "gloria, chanza y enigma del mundo"
con su enorme potencialidad tanto para el bien creativo como para la degradación
y el mal, destructora de sí misma y del resto del mundo creado? ¿Cuáles
son los propósitos de Dios? ¿Qué significado está
expresando Dios al crear la humanidad?
La
secuencia que va desde lo inanimado a lo consciente, y luego a lo autoconsciente,
es concomitante con una creciente independencia y libertad respecto del entorno.
Esta independencia y libertad de la humanidad alcanza un punto crítico
en que puede intentar una independencia y libertad respecto de las intenciones
del Creador. Estas independencia y libertad son consecuencia inevitable de la
autoconsciencia misma que ha emergido en forma natural mediante el proceso evolutivo,
de la manera regular en que Dios hace realidad sus intenciones creativas. No
podemos sino concluir que Dios se propuso que evolucionaran, a partir de la
materia, personas que tuvieran esta libertad, y así permitió la
posibilidad de que se apartaran de las intenciones divinas. Para ser consistentes,
debemos continuar aceptando que Dios tenía ciertas supremas intenciones
que hacían que valiese la pena correr este riesgo, que había -y
hay- una manera de ser fundamental de Dios que hace valiosa para Dios una relación
con personas que le correspondan libremente. Así que debemos ampliar
nuestro "modelo" de Dios, como agente personal del proceso creador,
para reconocerlo como un Creador que sufre en, con, y bajo la creación,
según vienen a la existencia nuevas y azarosas posibilidades -especialmente
aquellas implícitas en la creación de personas humanas capaces
de auto-determinación.
Si
Dios quiso la existencia de criaturas autoconscientes, inteligentes y libres,
como un fin, tuvo presumiblemente que, para ser auto-consistente, haber querido
estos medios para conseguir ese fin. Este propósito divino debe considerarse
de superación, porque entraña como corolario un elemento de riesgo
al hacerse Dios auto-vulnerable, de un modo que sólo ahora está
haciéndose perceptible para nosotros. Esta idea de que Dios se arriesgó
en la creación no es nueva -como evidencia la teología tradicional
implícita en la "narraciones" de la creación del Antiguo
Testamento- pero resulta ahora reforzada, sugiero, y provista de un contexto
más amplio, por estas consideraciones basadas en la naturaleza de los
procesos biológicos.
Para
poner verdad, belleza y bondad en el orden creado, la posibilidad de generar
un ser libre, capaz de apreciar estos valores, tiene que incorporarse
como resultado potencial del proceso cósmico, con todos sus riesgos.
El costo para Dios, nos atrevemos a decir, era una continua auto-limitación,
que es el aspecto negativo de la acción creadora de Dios, y también
una auto-infligida vulnerabilidad respecto del proceso creado, para lograr un
propósito de superación: la emergencia de personas libres. La
creación, pues, entraña una especie de riesgo para Dios, asumido
con amor, voluntariamente y con sufrimiento, para obtener el bien superior de
que venga a existir en el mundo creado una humanidad que le corresponda libremente.
Desde esta perspectiva, el amor y el auto-sacrificio se ven como inherentes
en la naturaleza divina, y expresados en todo el proceso de la creación.
Tal vez señalaba a esto el autor del Apocalipsis cuando describió
a Cristo, a quien veía ahora presente en Dios, como "el Cordero
inmolado desde la fundación del mundo." (Apoc. 13:8).
Auto-donación
divina en Jesucristo y en la Creación
Hasta
ahora, la sugerencia de una implicación divina de auto-donación
en la creación, no puede ser más que una conjetura razonable,
un intento de dar sentido a ciertas características de los procesos naturales
que se ven además como creados por Dios. Pero esta sugerencia resulta
reforzada, en realidad revelada abiertamente -esto es, comunicada por Dios-
si Dios se expresa a sí mismo verdaderamente en Jesucristo. Porque su
trayectoria por la vida fue predominantemente de vulnerabilidad a las fuerzas
que se arremolinaron en torno suyo, a las cuales sucumbió eventualmente
en medio de agudo sufrimiento, y, desde su perspectiva humana, de abandono en
una muerte trágica.
Debido
a que la acción sacrificada, de auto-limitación, de auto-donación
por el bien de los demás es, en la vida humana, el sello del amor, aquellos
que creen en Jesucristo como la auto-expresión de Dios han llegado a
considerar su vida como garantía definitiva para afirmar que Dios es
esencialmente "Amor", hasta donde una sola palabra puede abarcar con
precisión la naturaleza de Dios. La propia enseñanza de Jesús,
de que Dios es "Abba", Padre, y de las condiciones para entrar en
el "Reino de Dios", apuntaban también a esto, pero fue la persona
de Jesús y lo que le pasó, lo que finalmente, y tempranamente,
estableció esta percepción de Dios en la comunidad cristiana.
Vemos
por lo tanto que la fe en Jesucristo como la auto-expresión de Dios en
los confines de una persona humana, es enteramente consonante con aquellas concepciones
de Dios previamente derivadas tentativamente de la reflexión sobre el
ser natural y su devenir, que afirman que Dios, al ejercer su creatividad divina,
se auto-limita, es vulnerable, se auto-vacia, y se auto-dona -esto es, es supremo
Amor en acción creadora. Es esta acción y expresión de
Amor, creemos, lo que vence eventualmente al mal de la humanidad. En esta concepción,
Jesucristo es la comunicación definitiva de Dios a la humanidad del profundo
significado presente en la creación -y esto es precisamente lo que dice
el cuarto evangelio, en términos de la Palabra/Logos de Dios
actuante en la creación y ahora manifestada en la persona de Jesucristo.
Además,
hemos inferido aun más tentativamente, del carácter del proceso
natural de creación, que Dios debe ser visto como sufriendo en, con,
y bajo este mismo proceso, con su costoso, y abierto, despliegue en el tiempo.
Pero si Dios se hizo presente y uno con Jesucristo, entonces tenemos que concluir
que Dios sufrió también con él
en su pasión y muerte. El Dios a quien Jesús obedeció y
expresó en su vida y muerte es ciertamente, entonces, un "Dios crucificado",
y el grito de abandono puede ser visto como expresión de la angustia
también de Dios en la creación. Si Jesús es verdaderamente
la auto-expresión de Dios en una persona humana, entonces la tragedia
de su concreta vida humana puede verse como un descorrer de la cortina para
revelar a Dios sufriendo en y con los sufrimientos de la humanidad creada y
así, por una natural extensión, con los de toda la creación,
ya que la humanidad es una parte incrustada, evolucionada, de ella. El sufrimiento
de Dios, que sólo podíamos inferir tentativamente en el proceso
de creación, está con Jesucristo concentrado en un punto de intensidad
y transparencia tal, que lo revela como expresión de la relación
perenne de Dios a la creación.
<pág.ant._____________________________________________________________________________________________pág.sgte>