Kenosis-Moltmann
XII.T.
La Kenosis de Dios en
la Creación y Consumación del Mundo - Jürgen Moltmann
Del libro "The Work of Love - Creation as kenosis". (Traducido del inglés).
1._
La teología cristiana de la kenosis de Cristo
La
experiencia cristiana de Dios brota de la percepción de la presencia
de Dios en Jesucristo y en su historia. Según el himno que Pablo cita
en Filipenses 2:5-11, la historia de Cristo fue entendida como una kenosis para
obtener la redención de los hombres y mujeres apartados de Dios.
"Tened
entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo:
Quien, teniendo la forma de Dios,
no consideró el ser igual a Dios algo a lo que aferrarse,
sino que se vació de sí mismo, tomando la
forma de un siervo,
naciendo como uno de tantos.
Y apareciendo en forma humana,
se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte,
y muerte de cruz. Por lo cual Dios lo exaltó..."
La
historia de Cristo, descrita en la primera parte de este himno, comienza con
la "forma divina" del Hijo de Dios en en cielo y termina con la "forma
de un siervo" en la cruz del Gólgota. El hacerse-humano de Cristo
presupone su "auto-vaciamiento" de su forma divina y resulta en su
"humillarse a sí mismo", su auto-humillación. El
Hijo de Dios deviene humano y mortal. Se hace el siervo de los seres humanos
y muere en la cruz. Hace todo esto por "obediencia" a Dios Padre.
No
entraré aquí a tratar los muchos problemas exegéticos individuales,
sino que me dedicaré directamente a los teológicos.
1. La teología luterana antigua
trató de entender esta kenosis del Hijo de Dios a la luz de la doctrina
cristológica de las dos naturalezas de Cristo. La kenosis de Cristo significa
que, al hacerse humano, Cristo renuncia a los atributos de la majestad divina,
de modo que no es ya todopoderoso, omnipresente y omnisciente, sino que viene
a ser "como los otros seres humanos", lo que quiere decir que es un
ser limitado, que se relaciona con otros seres humanos de modo humano. Pero
fue solamente con respecto a esta naturaleza humana que él "renunció"
(como decían los teólogos de Giessen) a estos atributos divinos,
o los "ocultó" (como enseñaban los teólogos de
Tubinga en el siglo XVII). Ninguno de los grupos estaba preparado para hablar
de una kenosis de la divinidad del Logos
eterno. Ellos meramente querían hacer lugar para la verdadera y auténtica
humanidad de la vida de Cristo en la tierra.
En
el siglo XIX, los "kenóticos" luteranos (Sartorius, Liebner,
Hofmann, Thomasius, Frank, y Gess) iniciaron un nuevo enfoque y, siguiendo la
teología patrística, tomaron como tema de Filipenses 2 no al Cristo-que-ha-devenido-humano
sino al Cristo-en-su-devenir-humano. Su kenosis no se refiere solamente a los
atributos de majestad inherentes a su naturaleza divina; tiene que ver ya con
el ser divino del Logos eterno mismo. De una auto-limitación de lo divino
procede, como enseñó Thomasius, el Hijo de Dios-ser humano. Su
forma humana, que es la forma de un siervo, reemplaza a su forma divina original.
Pero si no hay nada divino que encuentren otros seres humanos en el Hijo de
Dios encarnado, ¿cómo podían reconocerlo como el Cristo
de Dios? Los kenóticos replicaban -aunque admitiendo cierto grado de
perplejidad- postulando una dicotomía en los atributos divinos: el Hijo
de Dios encarnado "renuncia" a los atributos divinos de majestad en
relación al mundo, pero retiene los atributos interiores que constituyen
la naturaleza esencial de Dios: verdad, santidad, amor. Porque el acto de kenosis
es un acto del libre amor de Dios hacia los hombres y las mujeres.
Separar
de este modo los atributos de la divinidad, como presupuesto de la encarnación
y la kenosis del Hijo de Dios, seguía siendo tan insatisfactorio que
los kenóticos luteranos decimonónicos no encontraron sucesores.
Pero ellos habían al menos detectado un problema. Los atributos de la
deidad en relación al mundo (omnipotencia, ubicuidad, omnisciencia, inmortalidad,
impasibilidad, e inmutabilidad) derivan de la metafísica general de Aristóteles.
Tienen poco que ver con los atributos de Dios según la historia de Dios
que testifica la Biblia. Así que no pueden tampoco ser los atributos
del Dios en quien la gente cree "por cuenta de Cristo", y a quien
llaman por lo tanto "el Padre de Jesucristo". Pues ese Dios "estaba
en Cristo", según Pablo (2 Cor. 5:19), "habita" en Cristo,
según el evangelio de Juan (14:11), y es "adorado" en el Hijo.
Esto
nos lleva al otro intento de entender la kenosis de Cristo.
2. Hans Urs von Balthasar
interpreta la kenosis, no en el marco de la doctrina de las dos naturalezas,
sino en el contexto de la doctrina de la Trinidad. Es naturaleza esencial del
Hijo eterno del Padre eterno, el serle "obediente" en completo amor
y auto-rendición, del mismo modo como es naturaleza esencial del Padre
eterno el entregarse al Hijo en completo amor. Si el Hijo encarnado se
hace obediente a la voluntad del Padre eterno hasta el punto de morir en la
cruz, entonces lo que hace en la tierra no es diferente de lo que hace en el
cielo, y lo que hace en el tiempo no es diferente de lo que hace en la eternidad.
Así que decir "en la forma de un siervo" no quiere decir negar
su forma divina, ni que Él renuncie a ella o la anule; Él la revela.
En obediencia, Él realiza en la tierra su relación eterna al Padre.
En virtud del amor por el Padre que es intrínseco a su naturaleza, en
su obediencia hasta la muerte en la cruz, Él es completamente uno con
el Padre. Porque no se trata solamente de que Él se "vacie"
a sí mismo "hacia" lo humano, y en lo humano hacia la servidumbre,
y en la mortalidad humana hacia la cruel muerte de cruz; en todo esto Él
se "vacia" en obediencia a la voluntad de su divino Padre del cielo.
De modo que la kenosis no es una auto-limitación ni una auto-renunciación
por parte de Dios; es la auto-realización de la auto-rendición
del Hijo al Padre en la vida trinitaria de Dios. En virtud de un amor ilimitado,
la vida íntima de la Trinidad tiene la impronta de la kenosis recíproca
de las personas divinas en relación mutua. El Hijo, en virtud de su auto-rendición,
existe totalmente en el Padre, el Padre totalmente en el Hijo, el Espíritu
totalmente en el Padre y el Hijo. La auto-rendición kenótica
es la naturaleza trinitaria de Dios, y es por lo tanto la marca de todas sus
obras "externas" (la creación, reconciliación, y redención
de todas las cosas).
La
kenosis inter-trinitaria es parte de la perichoresis, en
latín: circuminsessio [compenetración]. La
tradición teológica usó este concepto para interpretar
la unidad de Dios Padre y Jesús el Hijo de Dios como una unidad sin mezcla
y sin separación. Uno está en el Otro, como el evangelio
de Juan dice de Jesús: "Yo estoy en el Padre y el Padre está
en mí" (14:11). Ellos no son un sujeto ni una sustancia, sino una
comunidad, por su cohabitación mutua. Cada persona de la Trinidad está
en éxtasis fuera de sí en el otro. "El Padre está
totalmente en el Hijo y totalmente en el Espíritu. El Hijo está
totalmente en el Padre y totalmente en el Espíritu. El Espíritu
Santo está totalmente el el Padre, totalmente en el Hijo," dijo
el Concilio de Florencia (1438-1445). Desde otro punto de vista, puede decirse
que las personas divinas de la Trinidad se hacen habitables unas a otras en
su perichoresis mutua, proporcionándose unas a otras espacio vital abierto
para su mutua cohabitación. Cada persona trinitaria es, pues, no sólo
sujeto para sí misma sino también espacio para las otras. En la
perichoresis de la eterna Trinidad encontramos, por lo tanto, no sólo
tres personas sino también tres "lugares abiertos." No es por
casualidad que uno de los nombres secretos de Dios según la tradición
judía es MAKOM, "lugar abierto" (ver además Job 36:16;
Salmo 18:19; 31:8).
Este
intento de explicar la kenosis de Cristo descrita en Filipenses 2 mediante la
doctrina de la Trinidad, va más allá de las interpretaciones de
los kenóticos decimonónicos y constituye el siguiente paso lógico.
Pero prescinde completamente de los atributos de Dios que están en relación
al mundo y entendidos metafísicamente, y usa exclusivamente las relaciones
mutuas intertrinitarias del Hijo al Padre y del Padre al Hijo, como se aprecian
en la segunda parte del himno. Esto establece que el mundo de los seres humanos
y de la muerte no existe fuera de Dios, sino que desde el principio mismo yace
dentro del misterio de la Trinidad: el Padre crea al mundo por amor al Hijo
-el Hijo redime al mundo del pecado y de la muerte a través de su vaciamiento
de sí mismo por amor al Padre. Si, a la inversa, quisiéramos ver
el mundo fuera del Dios triuno, tendríamos que conjuntar estas relaciones
inter-trinitarias con las relaciones de Dios al mundo; y o bien retroceder,
después de todo, para hablar de los atributos metafísicos (omnipotencia,
inmutabilidad,etc.) o, alternativamente, reformular estos atributos divinos
de relación al mundo en un sentido bíblico y cristológico.
Tenemos que agradecer a los kenóticos por al menos haber mostrado claramente
la contradicción: el Dios descrito metafísicamente en términos
negativos no puede sufrir y no puede cambiar; el Dios de la historia bíblica,
en cambio, es "fiel", pero puede también "arrepentirse"
-"apenarse"- estar lleno de pasión y piedad. Y por este motivo
es capaz de amar y de sufrir.
Volveremos
al final de este ensayo a una nueva formulación de los atributos divinos
en relación al mundo, y haré algunas sugerencias.
2._
La teología judía de la Shekinah de Dios
En
la idea de la Shekinah -la "habitación" de Dios- encontramos
el antecedente veterotestamentario de la idea cristiana de kenosis, y su equivalente
judío.
La
promesa de Dios, "habitaré en medio de los israelitas," está
ya implícita en la alianza hecha con el pueblo elegido: "Yo seré
vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo." El Dios eterno e infinito,
a quien ni los cielos pueden contener, "baja" (Exod. 3:8), para "habitar"
en medio de su débil pueblecito. La historia de Israel cuenta esta habitación
de Dios en términos vívidos y coloridos. Dios sacó a su
pueblo de la esclavitud de Egipto a la libertad de la tierra prometida, y fue
delante en forma de "columna de nube durante el día" y de "columna
de fuego" durante la noche. Él habitó en el Arca de la Alianza
(el altar transportable del pueblo nómada de Dios) hasta que David llevó
el Arca al Monte Sión, donde el Rey Salomón le construyó
el Templo. En el Santo-de-los-Santos del Templo se hacía presente la
"habitación" de Dios en medio de los israelitas.
Pero
¿qué pasó con la Shekinah cuando, en 587 A.C., los babilonios
destruyeron la ciudad y el Templo? ¿Retiró Dios su habitación
en la tierra a su presencia eterna en el cielo? Eso habría sido el fin
de su alianza y la muerte del pueblo de Israel. ¿O fue la Shekinah al
exilio en Babilonia con el pueblo capturado, permaneciendo "en medio de
los israelitas" aun cuando ahora estaban sin hogar, humillados, exiliados,
y expuestos a las persecuciones de las naciones poderosas? Esta segunda respuesta
ha mantenido viva la fe de Israel en Dios, durante la destrucción y el
exilio hasta el día presente. Desde entonces, la Shekinah de Dios ha
sido la compañera de camino y sufrimiento para los israelitas errantes.
El pueblo sufre persecución y exilio, y la presencia de Dios sufre con
él. "De todas sus aflicciones fue Él afligido" (Isaías
63:9) A partir de estas experiencias israelitas de la Shekinah de Dios en sufrimiento
compartido, concibió la literatura rabínica posterior la teología
de la auto-humillación de Dios. Esta teología condujo a la esperanza
de que al fin, con la redención del pueblo de sus sufrimiento, la misma
Shekinah de Dios será redimida del sufrimiento que soporta con el pueblo,
y con él volverá a su hogar eterno.
Esto
nos lleva a las interpretaciones teológicas de las experiencias de Israel
de la Shekinah.
1. En su teología de los profetas de Israel,
Abraham Heschel desarrolló a partir de las experiencias
de Israel de la Shekinah y de su oración Sh'ma al Dios Uno, una "concepción
bipolar" de ese Dios Uno. En la historia, Dios existe en una doble presencia:
en el cielo y en su pueblo exiliado, ilimitado y limitado, infinito y finito,
libre del sufrimiento y de la muerte y al mismo tiempo sufriendo y muriendo
con su pueblo.
2. Franz Rosenzweig interpretó
la experiencia de Israel de la Shekinah con la ayuda de la dialéctica
de Hegel como una "auto-diferenciación en Dios": "Dios
mismo se separa de sí mismo, se entrega a su pueblo, sufre con sus sufrimientos,
va con él a la miseria del exilio, es errante con él." Habló
de un "sufrimiento divino" del "Dios desterrado", que se
hace a sí mismo necesitado de redención en solidaridad con su
pueblo. Esta "redención de Dios" consiste en que la Shekinah
desterrada vuelva a la plenitud del Dios Uno. Algo de esto ocurre en cada oración
Sh'ma de Israel, porque en el reconocimiento del Dios Uno, Dios mismo es "unido",
según Rosenzweig. Dios estará finalmente redimido y unido cuando
el Dios Uno llegue a ser el Dios Todo-Uno, y sea "todo en todo", como
dice con 1 Corintios 15:28. Entonces el cielo y la tierra vendrán a ser
la habitación de Dios y todos los seres creados participarán de
su presente vitalidad y gloria. Max Jammer cita un midrash judío
que dice: "No sabemos si Dios es el espacio del mundo, o si su mundo es
su espacio." La respuesta cristiana es ir a la idea de perichoresis -es
decir, interpenetración mutua: como la persona "que habita en el
amor habita en Dios y Dios habita en ella" (1 Juan 4:16), así que
en la consumación Dios encontrará espacio en el mundo finito de
manera divina, y el mundo finito encontrará espacio en Dios de manera
"mundana". Es una interpenetración recíproca, en la
que no se entremezclan las diferencias, sino que las distancias son recogidas
y terminadas.
3._
¿Está la creación del mundo ligada a un acto
de kenosis de parte de Dios?
En
las próximas dos secciones dedicaremos nuestra atención a la creación
del mundo y a la historia de la creación, preguntándonos acerca
de la posible interpretación y significado de la idea de kenosis para
la presencia de Dios y su futuro en la creación y en la preservación
del mundo.
En
nuestros himnos encontramos dos versos en los cuales el Creador y sustentador
del mundo es concebido en "la forma de un siervo" asumida por Cristo.
Lutero escribe:
Er
äussert sich all seiner G'walt,
wird
niedrig und gering,
und
nimmt an sich ein's Knecht's Gestalt,
der
Schöpfer aller Ding.
[Se
despojó de todo su poder,
rebajándolo
y debilitándolo,
y
tomó para sí la forma de un siervo,
el
Creador de todas las cosas.]
Y
W.H. Vanstone:
Thou
art God, no monarch Thou
thron'd
in easy state to reign.
Thou
art God, whose arms of love
aching,
spent, the world sustain.
[Tú
eres Dios, no un monarca
entronizado
para reinar cómodamente.
Tú
eres Dios, cuyos brazos amantes,
doloridos,
gastados, sostienen el mundo.]
En
su himno de Navidad, Lutero ve en "el Cristo que se vacia de sí
mismo" al Creador del mundo, mientras que Vanstone ve en el sustentador
del mundo al "Dios crucificado". Con estas figuras del discurso, ambos
escritores expresan la convicción de que la creación y sustentación
del mundo no son simplemente trabajos del Dios todopoderoso, sino que en ellas
Dios se entrega y se comunica Él mismo, y está así presente
Él mismo en sus obras.
a.
¿Es la creación un acto de auto-definición divina?
Si, en su libertad, Dios resuelve crear un ser que no es divino, que puede co-existir
con su propio ser divino, entonces esta resolución no afecta sólo
al ser creado; alcanza también al propio ser de Dios. Él se determina
a sí mismo como el Creador que permite que una creación co-exista
consigo. Hablando lógicamente, la auto-determinación de Dios,
de ser el Creador, precede al acto de creación. Dios se determina
a sí mismo antes de determinar al mundo. Por lo tanto, es correcto ver
la auto-determinación de Dios de ser el Creador de un mundo no-divino,
como ya una auto-limitación por parte de Dios: (1) de entre sus infinitas
posibilidades, Dios realiza ésta en particular, y renuncia a todas las
otras; (2) la determinación de Dios de ser Creador está ligada
a su consideración para con la creación, que le permite a ésta
tener su espacio y tiempo y su propio movimiento, para no ser aplastada por
la realidad divina ni totalmente absorbida por ella. Al diferenciarse a sí
mismo, como Creador, del mundo creado, Dios crea una realidad que no es divina
pero que tampoco es la Nada, y la preserva distanciándose de ella. ¿Cómo
puede un mundo finito co-existir con el Dios infinito? ¿Le pone eso un
límite al Dios ilimitado, o se limita Dios a sí mismo? Si este
límite o frontera entre la infinidad y la finitud está ya dado
de antemano a Dios, entonces Dios no es infinito. Si Dios es esencialmente infinito,
entonces cualquier límite o frontera existe solamente por su auto-limitación.
Eso hace posible que un mundo finito co-exista con Dios. Esta auto-limitación
de Dios, que está dada con la diferenciación entre Creador y creación,
es considerada en teología el primer acto de gracia. Porque la limitación
de su infinidad y omnipresencia es en sí misma un acto de su omnipotencia.
Sólo Dios puede limitar a Dios.
b.
¿Es la creación un acto de auto-contracción divina?
Antes de salir de sí mismo para crear un mundo no-divino, Él se
retiró de sí mismo a sí mismo, para dejar sitio al mundo
y concederle un espacio. Esta fue la idea de Isaac Luria. La llamó zimzum.
Según la Cábala, el Santísimo infinito, el Uno cuya luz
llenaba primordialmente el universo entero, retiró su luz y la concentró
completamente en su propia sustancia, creando así un espacio vacío.
Dios retiró su omnipresencia para conceder espacio a la presencia de
la creación. De esta manera la creación vino al ser en el espacio
de la kenosis de Dios.
En la disputa entre Newton, con su idea de espacio absoluto,
y Leibniz, con su noción de espacios relativos, Henry More introdujo
en la discusión esta idea judía-cabalística de makom-kadosh
[lugar santo], aunque sin percibir sus posibilidades para
resolver esta disputa sobre el concepto de espacio. Gershom Scholem recogió
la idea de zimzum de Luria, usándola para proporcionar
nuevos fundamentos explicativos al concepto judeo-cristiano de creatio
ex nihilo [creación a partir de la nada]: "Donde
Dios se retira de sí mismo a sí mismo, Él puede hacer surgir
algo que no es de esencia divina o de ser divino." Hablando metafóricamente,
cuando Dios se contrae para salir creativamente de sí mismo, Él
reúne en su auto-contracción sus energías creativas. Debe
notarse de paso que, al interpretar el "Big Bang" (Urknall),
se usan científicamente metáforas similares para explicar el ímpetu
primordial (Urschwung).
c.
¿Es la creación un acto de auto-humillación divina?
Muchos teólogos cristianos desde Nicolás de Cusa hasta Emil Brunner,
han visto en el hecho de que Dios se comprometa con esta creación finita
y frágil un primer acto de auto-humillación por parte de Dios,
un acto continuado en su descenso a su pueblo de Israel, y que alcanza su culminación
en la auto-rendición de Cristo a la muerte en la cruz. [Emil Brunner,
Dogmatics: "La kenosis, que llega a su climax
paradójico en la cruz de Cristo, empezó con la creación
del mundo."] "El cordero inmolado desde la fundación del mundo"
(Apocalipsis 13:8) describe simbólicamente que ya había una cruz
en el corazón de Dios antes de ser creado el mundo y antes de ser crucificado
Cristo en el Gólgota. Desde la creación, por vía
de la reconciliación, hasta la redención, se profundiza y se manifiesta
la auto-humillación y el auto-vaciamiento de Dios. ¿Por qué?
Porque la creación procede del amor de Dios, y este amor respeta la existencia
particular de todas las cosas, y la libertad de los seres humanos que han sido
creados. Un amor que concede espacio a los amados, que les da tiempo, que espera
y pide de ellos la libertad, es el poder del amante que quiere retirarse para
dejar que el amado crezca y prospere. En consecuencia, no es solamente auto-donación
lo que hay en el amor creador; hay auto-limitación también; no
sólo afecto, sino también respeto por la naturaleza particular
de los otros. Si aplicamos esta concepción a la relación
del Creador con lo creado, se sigue una restricción de la omnipotencia,
omnipresencia y omnisciencia de Dios para concederles espacio vital a aquellos
que ha creado.
Has Jonas recogió muy pronto la idea de
zimzum, ligándola primero con la concepción evolucionista
del mundo, y luego también con las experiencias de muerte en Auschwitz.
Para él, la "omnipotencia" es un concepto no-significativo,
porque el poder todopoderoso es un poder sin objeto, y sería por lo tanto
un poder impotente. "Poder es un témino relacional," que liga
un sujeto dominante con un objeto dominado. El poder creativo de Dios incluye,
pues, una "auto-renunciación al poder ilimitado" por el bien
de las cosas creadas. Si Dios como Creador se compromete con este mundo, a la
vez se entrega a este "mundo-en-su-devenir". Cualquier cosa que le
ocurra, le ocurre también a Dios. Como Creador, Dios se hace partícipe
del destino del mundo. Hans Jonas llama a este destino "la odisea del universo".
Dios se vuelve dependiente del mundo, como el mundo depende de Él. Comparten
una historia común.
Kierkegaard detectó similares líneas
de pensamiento en la idea de Hegel de la historia del mundo como "biografía
de Dios," y mantuvo en oposición a ella que sólo el poder
todopoderoso puede auto-limitarse, puede entregarse y retirarse, para hacer
independiente al receptor; de manera que en el acto divino de auto-humillación
también debemos reconocer un acto de omnipotencia de Dios. Podemos ponerlo
epigramáticamente, y decir que Dios nunca aparece más poderoso
que en su acto de auto-limitación, y nunca más grande que en el
acto de su auto-humillación.
Lo que es verdad respecto de la auto-limitación
de la omnipotencia, debida al amor de Dios por sus criaturas, puede decirse
también respecto de otros atributos metafísicos de su divinidad:
omnipresencia, omnisciencia, inviolabilidad, y autosuficiencia. Dios no lo sabe
todo de antemano porque Él no quiere saberlo todo de antemano. Él
espera la respuesta de sus criaturas, y deja venir su futuro. Dios no es incapaz
de sufrimiento; se abre en su Shekinah a los sufrimientos de su pueblo, y en
la encarnación de su Hijo a los sufrimientos del amor para redimir al
mundo. En cierto modo, Dios se hace así dependiente de la respuesta de
sus amadas criaturas. En la teología cristiana no se suele ir tan lejos
como para declarar a Dios "necesitado de redención" junto con
su pueblo Israel; Dios ha dejado la santificación de su nombre y la realización
de su voluntad en manos de los seres humanos, y así también, de
este modo, la venida de su reino. Puede considerarse parte de la auto-humillación
de Dios que Dios no desee estar sin aquellos que ha creado y ama, y por eso
espera que se arrepientan y se conviertan, dándoles tiempo, para poder
entrar en su reino junto con ellos.
4._
La preservación y consumación de la Creación
mediante la paciencia de Dios y las energías conductoras de Su Espíritu.
Si
la creación de un mundo no-divino está ya ligada a una auto-limitación
kenótica por parte de Dios, ¡cuánto más puede decirse
esto acerca de su preservación para su consumación! En su relación
al mundo, Dios no es todopoderoso en el sentido de que como causa
prima produzca todo en todo a través de las causae
secundae -lo bueno y lo malo, el devenir y el decaer, la génesis
y la disolución. La persona que supone que esta es la forma en que Dios
"reina tan maravillosamente" acaba con la cuestión sin respuesta
de la teodicea: ¿Si Dios es todopoderoso, por qué hay mal? O bien
es omnipotente y todo lo causa, en cuyo caso no es bueno; o es bueno, pero entonces
no puede ser todopoderoso. Si lo vemos desde la kenosis de Dios, descubrimos
su poder todopoderoso en su todopoderosa paciencia sufriente, como dice la teología
rusa ortodoxa. No es el poder de Dios lo que es todopoderoso. Lo que es todopoderoso
es su amor, sobre el que dice Pablo: "El amor es paciente, es servicial...
Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (1 Cor.
13:4,7). En este elogio del amor, Pablo refuerza las palabras aludiendo al "todo".
Mediante el poder de su paciencia, Dios sostiene este mundo con sus contradicciones
y conflictos. Como sabemos por la historia humana, la paciencia es la acción
más poderosa porque se extiende en el tiempo, mientras que los actos
de violencia nunca perduran y por eso sólo pueden ganar cortas victorias.
La paciencia es superior a la violencia. Dios no sostiene y rige al mundo como
un autócrata o dictador, que no admite la libertad; es más como
un siervo sufriente, que soporta el mundo con su culpa y sus dolores, como un
Atlas que lleva el mundo sobre sus hombros. (Exod. 19:4; Num. 11:12; Deut. 1:31;
Isa. 66:12; 53:4; Mat. 8:17; Heb. 1:3.
La
conservación de la Creación se expresa una y otra vez en lenguaje
bíblico como Dios soportando al mundo. Como creación de Dios,
el mundo no existe por sí, sino por Dios.) Para decirlo sin estas metáforas:
Dios actúa en la historia de la naturaleza y de los seres humanos mediante
su presencia paciente y silenciosa, por la cual da a sus criaturas espacio para
desenvolverse, tiempo para desarrollarse, y poder de movimiento propio. Buscamos
en vano a Dios en la historia de la naturaleza o en la historia humana si lo
que andamos buscando son intervenciones divinas especiales. No es tanto
que Dios espere y aguarde, como -como afirma correctamente la teología
del proceso- que él "experimenta" la historia del mundo y de
los seres humanos, que él es "paciente y de gran bondad" como
dice el salmo 103:8. Los salmos de Israel nunca se cansan de alabar la gran
bondad y paciencia de Dios. Es debido a su invariable bondad que "no somos
consumidos" (Lam. 3:22 AV) -"todavía no apagados", para
seguir la traducción de Lutero. "Esperar" no es nunca pasividad
desinteresada, sino la más alta forma de interés en el otro. Esperar
significa aguardar, aguardar significa invitar, invitar significa atraer, seducir,
e incitar. Haciendo esto, el esperar y el aguardar mantiene abierto un espacio
para el otro, da tiempo al otro, y crea la posibilidad de vida para el otro.
Esto es lo que la tradición teológica llamaba creatio
continua, lo que diferencia la creación en curso de la creatio
originalis en el principio y de la creatio nova
en el final.
Pero
¿por qué tendría Dios que llevar y soportar el mundo con
sus contradicciones, conflictos y catástrofes? De acuerdo a la metafísica
aristotélica, y que ha sido asumido por la teología cristiana
hasta el día presente, Dios es la realidad suprema (summum
ens) y el acto puro (actus purus). Toda realidad
deriva de, y es causada por, la suprema realidad, que es Dios, y apunta pues
hacia esta realidad divina. Consecuentemente, Dios debe ser también el
poder que es totalmente eficaz en todas las cosas. Fue sólo con Kierkegaard
y Heidegger que empezó a tomar forma una nueva idea: "por encima
de la actualidad se eleva la posibilidad."
Y toda actualidad no es sino "posibilidad realizada". La posibilidad
puede llegar a ser actualidad, pero la actualidad nunca puede llegar a ser posibilidad
nuevamente.
Si
consideramos estas dos modalidades de ser junto con los dos modos de tiempo,
futuro y pasado, entonces el futuro es el ámbito de las posibilidades,
en cambio el pasado es el reino de la actualidad. Así que el futuro es
"superior" al pasado, porque en la historia el futuro se vuelve pasado
irreversible, mientras que el pasado nunca se vuelve futuro otra vez. Si cambiamos
de la metafísica de la realidad a la metafísica de la posibilidad,
podemos entonces ver al Ser divino como la posibilidad suprema, como la fuente
de las posibilidades, como el trascendente que hace-posible lo posible. En la
teología del tiempo, lo que corresponde es el futuro como fuente trascendente
del tiempo, como ha mostrado Georg Picht siguiendo a Heidegger.
Si
aplicamos esto a nuestro problema, significa que el Dios que pacientemente sobrelleva
y soporta la historia de la naturaleza y de los seres humanos, permite el tiempo
y da tiempo, y así hace posibles posibilidades siempre nuevas, que se
realizan o no, y pueden utilizarse para el progreso pero también para
la aniquilación. Todos los sistemas de materia y vida son sistemas
complejos con una actualidad/pasado fijo, y, en cada caso, un ámbito
abierto específico de futuro/posibilidad. Su presente es la interfaz
entre ambos tiempos, en la cual pueden construirse estructuras de realidad más
complejas. Con éstas crece también en cada caso el ámbito
de posibilidades. Pero puede haber realizaciones de posibilidades negativas,
por las cuales estos sistemas abiertos se destruyen a sí mismos.
Es
en el don de futuro y la corriente de nuevas posibilidades donde tenemos que
percibir la actividad de Dios en la historia de los sistemas abiertos de materia
y vida -y es como resultado de estos sistemas abiertos que el mundo que conocemos
existe. Esto significa, nada menos, que todos los sistemas abiertos apuntan
más allá de sí mismos, al ámbito de lo que pueden
llegar a ser, y se interpretan teológicamente como verdaderos símbolos
de ese futuro en que están en Dios y Dios está en ellos, cuando
participarán sin obstáculos en la riqueza de posibilidades propia
de Dios sin ser destruídos por ello, y llegarán a ser aquello
a lo que Dios los había destinado. La meta de la kenosis de Dios, en
la creación y la preservación del mundo, es ese futuro
que describimos simbólicamente como reino de Dios y nueva creación,
o "mundo sin fin".
<pág.ant.___________________________________________________________________________________________pág.sgte>