
Monismo
"integrable"
II.G.
El
monismo "integrable" de Xavier Zubiri y Pedro Laín Entralgo
- Jorge M. Ayala
(...)
Acerca
de la originalidad de la filosofía de Zubiri, el antropólogo médico
Pedro Laín Entralgo ha escrito lo siguiente: "En una época
en que la realidad en cuanto tal ha sido temáticamente desconocida (neopositivismo),
radicalmente ontologizada, esto es, sometida a la limitación de no ser
más que ser (Heidegger), declarada absurda (existencialismo) o unilateral
y dictatorialmente interpretada (marxismo), el pensamiento de Zubiri se ha aplicado
con singular eficacia intelectual a la ardua empresa de salvarla histórica,
científica y metafísicamente. Apoyado, en consecuencia, tanto
en un enfrentamiento personal con lo que desde Heráclito y Parménides
ha sido la filosofía, cuando en verdad han querido los filósofos
que fuese "seria", y sobre la asunción filosófica de
lo que acerca de las diversas provincias de lo real dice la ciencia positiva,
desde la lingüística a la astrofísica, como sobre la experiencia
de la propia vida personal. Y afirmando taxativamente, a la vez, la radical
libertad del acto de pensar y la constante apertura de toda creación
filosófica hacia un futuro innovador".
Sobre
lo que aporta la metafísica de Zubiri al pensamiento cristiano, añade
Laín:
a)
La filosofía de Zubiri ofrece un planteamiento limpiamente intramundano
del problema de Dios y del acceso a Dios; un Dios no entendido como causa primera
y primer motor del mundo, a la manera aristotélica, tomista, cartesiana,
newtoniana, sino como fundamento último del poder de lo real.
b)
La intelección histórica, pero no relativizadora de la esencia
del cristianismo.
c)
La consideración de la fe cristiana como un acicate intelectual, y no
como lecho o freno de la inteligencia; algo, por tanto bien distinto de lo que
para tantos españoles ha sido y sigue siendo.
d) La vivencia y el ejercicio de la fe cristiana como un modo de vida en libertad;
fiel, en consecuencia, a la condición de "rationabile obsequium"
que para definir la autenticidad enuncia San Pablo.
Tras
este preámbulo, pasamos al desarrollo de nuestro tema: la naturaleza
del monismo "integrable" de Zubiri y de Laín.
En
nuestra tradición cultural empleamos genéricamente los términos
materia y espíritu para describir toda la riqueza del fenómeno
humano: cuerpo, sensaciones, sentimientos, palabras, ideas, conceptos. Nos parece
natural que en cada persona haya dos realidades: la material y la espiritual;
una nos pone en relación con las cosas materiales y la otra con lo no
material. Pero, puestos a describir ambas realidades, la dificultad aumenta,
como muestra Xavier Zubiri en una de sus últimas obras póstumas:
Espacio, Tiempo, Materia, y Pedro Laín Entralgo en Cuerpo
y Alma. Zubiri define así la materia: "Cosa material
es sistema constructo de cualidades sensibles o de lo formalmente necesario
para ellas. Por su parte, Laín distingue tres tipos de realidad
material: a) lo que percibimos por los sentidos, b) las partículas subatómicas,
c) esa materia cuya existencia nos vemos obligados a admitir, cuya percepción
no es posible pero a la que nos obliga la observación y el cálculo,
lo que termina, según Heisenberg en algo enigmático, transmaterial
de alguna manera y transenérgico, que puede devenir como materia o como
energía. La Física actual nos obliga a amplificar el concepto
de materia, desde la experiencia sensorial a la teoría científica,
donde materia sería el conjunto de partículas elementales que
se resuelven en la teoría de los campos.
El
concepto espontáneo de espíritu es más ambiguo que el de
materia. En el Antiguo Testamento se emplea el término "basar"
para referirse al cuerpo, y "ruah" para referirse al espíritu;
éste es soplo, viento que vivifica la carne. Morir es exhalar el espíritu
o dejar de respirar. Cuando se utiliza la palabra carne (sarx),
es para designar la condición de creatura, al hombre total. En el Nuevo
Testamento emplea San Pablo las palabras carne y espíritu en sentido
moral, no como principios metafísicos. Carne es todo lo que está
sometido al poder del pecado (Gál 2, 20: Filp 1, 22), y espíritu
lo que está sujeto a la gracia (Rom 8, 4-6; Gál 5, 17). La lucha
entre la carne (sarx) y el espíritu (pneuma)
es moral. No es traducible al dualismo griego materia-espíritu, tal como
se hizo después. El alma (psique) está más
cerca del mundo de las ideas que de la materia, la cual tiene valor negativo.
La escolástica convierte la psique en forma substancial del cuerpo: lo
material degrada al hombre y lo espiritual lo eleva. El mecanicismo cartesiano
da al dualismo clásico un carácter más científico,
pero radicalizando la separación entre alma y cuerpo. La Física
actual ha cambiado radicalmente el concepto de materia y nuestra manera de ver
el mundo. La materia y el espíritu aparecen con un nuevo rostro. Y también
la vida.
Por
lo que respecta a la vida, la base de ésta es la célula: unidad
de estructura y funciones integradas, en continuo intercambio con el medio entorno
de materia, energía e información. Tiene capacidad de engendrar
estructuras semejantes a sí misma. La ciencia afirma la existencia de
una continua emergencia de novedad hacia organismos de sistema nervioso central
cada vez más desarrollado y complejo. La sucesión materia, vida,
espíritu nos plantea interrogantes: ¿El devenir de materia, vida,
espíritu ha sucedido una sola vez o sigue repitiéndose? ¿Sigue
apareciendo la vida en otros lugares distintos de nuestro universo? ¿La
emergencia del espíritu es una cualidad de la materia? Desde la concepción
griega de la materia no es posible la emergencia del espíritu, porque
son dos principios constitutivos de distinta naturaleza. Durante muchos siglos
ha operado la cultura cristiana con este esquema griego, dando lugar a una antropología
poco fiel al sentido de la Biblia sobre el hombre, "creado a imagen y semejanza
de Dios". El barro no es materia deleznable, sino imagen de nuestra condición
de criaturas, aunque divinas.
La
palabra "emergencia" no satisface ni a Zubiri ni a Laín, porque
emergencia es una metáfora para indicar que algo que estaba sumergido,
emerge. Pedro Laín la sustituye por "brotar", pero no como
brota el agua escondida bajo la peña, sino como algo que la materia es
capaz de "dar de sí".
Por
su parte, Xavier Zubiri emplea la expresión "elevación".
"Elevar es hacer que lo que es de suyo constituya un suyo que actúe
por su carácter formal de realidad. En toda elevación hay un momento
de homogeneidad física entre lo elevado y aquello a lo que se eleva".
Esto es lo que hace exclamar a Laín: "Mi cuerpo: yo". Lo psíquico
surge como expresión de la potencialidad de realidad de la materia. Cuando
el estímulo se eleva al orden de realidad, tenemos la inteligencia sentiente.
El poder de elevación es del cosmos mismo. Escribe Zubiri: "La materia
tiene intrínsecamente un sistema de capacidades de dar de sí.
A este dar de sí es a lo que llamé potencialidades. No hay la
menor duda de que la materia da de sí al hombre. Por tanto, la hominización
es una potencialidad de la materia". Pero "las potencialidades no
son tan sólo potencialidades de dar por sí mismas, sino que pueden
ser potencialidades de dar de sí por otro". ¿Qué sentido
da Zubiri a la expresión "por otro"? ¿Se refiere a un
principio externo a la materia?
El
hombre no es un agregado de materia corporal y psique, sino que todo él
es una realidad psicosomática. Esta elevación estructural es la
hominización. Surge de la potencialidad de la materia, mediante un proceso
de transformación, sistematización, génesis y elevación.
Zubiri designa la realidad humana con el nombre de substantividad, porque explica
simultáneamente la subjetualidad: ser soporte de propiedades, y la originalidad:
ser origen de determinadas notas activas o pasivas, es decir, realizarse. La
materia produce algo nuevo por sistematización. La diferencia entre la
substantividad animal y la humana radica en la forma de ser "de suyo".
Un "de suyo" cerrado en el animal (ser sí mismo, actuación
de lo que ya es talitativamente), y un "de suyo" abierto en el hombre,
porque connota las cosas físicas como realidad. El "hombre es animal
de realidades", se hace a sí mismo y configura su realidad. "La
substantividad humana es un sistema estructural tal que, por su propia estructuración
(tanto psíquica como físico-química) está inconcluso
en su manera de ser "de suyo" y lo está precisamente para poder
ser viable incluso orgánicamente. En su estructuración misma,
el hombre es una substantividad que sólo es viable por ser abierta".
Zubiri
agrega a la substantividad humana dos momentos complementarios: el de la personeidad
(momento original) y el de la personalidad (momento procesual). El segundo momento
indica que en la substantividad humana, además de la "emergencia"
de propiedades que brotan naturalmente de las substancias corporales, hay otras
cuya raíz no es una emergencia, sino una "apropiación"
de posibilidad. Así, la virtud o la ciencia no son notas que el hombre
tiene por su naturaleza física, como tiene el talento o el color de los
ojos. La realidad humana física es sujeto de las propiedades que posee
por razón de las substancias. En este sentido, está "por
debajo de" las propiedades, es sujeto "sub-stante". Pero al mismo
tiempo está "por encima de" ellas, puesto que las apropia por
aceptación. En este aspecto el hombre no es únicamente "sub-stante",
sino también "supra-stante".
Poniendo
por base la metafísica intramundana de Xavier Zubiri, el médico
Pedro Laín elabora un concepto "integral" de ser humano como
aglutinador de los hallazgos científicos y de las interpretaciones filosóficas
más en boga. La fidelidad a los datos de la ciencia positiva sobre
el cuerpo humano le lleva a tener que afirmar la unidad del hombre, una idea
que también ve reflejada en la antropología bíblica. Ser
monista no conlleva ser materialista, sino antidualista. Los actos humanos superiores-autoconciencia,
decisión, responsabilidad-no son debidos a una entidad no corporal o
supracorporal-alma, espíritu-, sino a la especial estructura de la materia.
"Son propiedades sistemáticas de la estructura material y dinámica
que es el cerebro humano". No se trata de negar el alma en el sentido que
lo hacen los conductistas, sino de no contraponer en el hombre dos realidades:
alma y cuerpo. "El alma del hombre es para mí la unidad de acción
de la estructura específica del ser humano". Es decir, "el
cuerpo es el ser del hombre y, por serlo, el agente, el actor y en cierto modo
el autor de todo lo que en el mundo y dentro de sí es y hace el hombre".
De
acuerdo con el concepto de estructura: "conjunto sistemático de
notas, espacial y dinámicamente ordenado", la realidad del hombre
es también y sólo la del cuerpo, o si se quiere, materia somática
y personal. "Nuestro cuerpo es materia cósmica estructuralmente
construida y específica y personalmente diferenciada. Y nuestro cerebro,
la formación anatomofisiológica y anatomopsicológica que
más inmediatamente ejecuta la actividad propia de esta estructura material".
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