McTaggart
III.B._
Sobre Mc Taggart - Historia
de la filosofía de Abbagnano.
John
Mc Taggart (1866 - 1925) llega a impugnar el mismo principio fundamental
de Hegel: el de la racionalidad de lo real. La realidad no puede revelarse al
hombre en su perfecta racionalidad, ya que, si no otra cosa, implica siempre
la contingencia de los datos sensibles, sin los cuales las mismas categorías
de la razón están vacías, y la insatisfacción de
nuestros deseos, que no debería verificarse en un universo perfecto.
El proceso dialéctico implica esta imperfección porque, mientras
existe, no hay perfección, ya que el proceso tiende a una síntesis
que está lejos de verificarse. Pero si el proceso dialéctico pertenece
al espíritu finito, que vive en el tiempo y se aproxima gradualmente
al futuro, esto coloca el absoluto en el futuro del proceso mismo, esto es,
en el último estadio de una serie de la cual los otros estadios se presentan
como temporales. La idea eterna e infinita está, pues, al final del proceso
temporal, y es calificada, por tanto, no por la determinación de la contemporaneidad
y del presente, sino por la del futuro. El absoluto no es un eterno presente
según la concepción clásica, que el hegelianismo primitivo
y el mismo idealismo inglés habían admitido, sino que es más
bien el término del futuro. El tiempo urge hacia la eternidad y cesa
en la eternidad. Esto hace posible esperar el triunfo final del bien en el mundo.
(H. de la F. III, Abbagnano, p. 415).
Mc
Taggart concluye su obra con la esperanza que ya había formulado en sus
análisis hegelianos, a saber: que debiéndose entender el absoluto
no como presente sino como futuro, deberá realizarse como un bien infinito
después de un período finito, aunque tal vez larguísimo,
de tiempo; y deberá realizarse como estado de amor perfecto, comparado
con el cual incluso el más alto rapto místico no es más
que un ensayo aproximativo y lejano. Para Mc Taggart, el pasado y el presente
son manifestaciones imperfectas y preparatorias del futuro. Esta es sin duda
una repetición del concepto de Fichte y Schelling del progreso necesario
de la historia, pero con la diferencia de que el progreso no es infinito, sino
que se dirige a un término que será alcanzado después de
un largo, aunque finito, período de tiempo. (H. de la F. III, Abbagnano,
p. 418).
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