Hegel
II.I. Sobre
Hegel - Historia de la Filosofía de Copleston
El
objeto de la filosofía es desde luego el Absoluto, pero el Absoluto es
la totalidad, la realidad entera, el universo. "La filosofía se
ocupa de la verdad y la verdad es la totalidad" Además, esta totalidad
es la vida infinita, un proceso de autodesarrollo. El Absoluto es "el proceso
de su propio devenir, el círculo que presupone su fin y su objeto y cuyo
fin está al principio. Se convierte en algo concreto y real sólo
por su desarrollo y a través del fin que le es propio. En otras palabras,
la realidad es un proceso teleológico, y el término ideal presupone
el proceso completo y le da su significado. Desde luego, podemos decir que el
Absoluto es "en esencia un resultado", pues si consideramos el proceso
total del autodesarrollo de una esencia, la realización de una idea eterna,
podemos ver cómo es el final o término del proceso el que revela
lo que el Absoluto es en realidad. El Absoluto es desde luego el proceso en
su totalidad, pero en un proceso teleológico es el "telos"
o fin el que muestra su naturaleza, su significado. Y la filosofía ha
de tomar la forma de una comprensión sistemática de este proceso
teleológico. "La verdadera forma en que existe la verdad sólo
puede ser el sistema científico del mismo."
Ahora
bien, si decimos que el Absoluto es el todo de la realidad, el universo, puede
parecer que estamos incurriendo en el spinozismo, al afirmar que el Absoluto
es la substancia infinita. Pero, para Hegel, esta es una descripción
muy inadecuada del Absoluto. "En mi opinión, una opinión
que sólo puede justificarse a través de la exposición del
sistema mismo, todo depende de que se capte la verdad no sólo como `substancia'
sino también como `sujeto'." Pero si el Absoluto es sujeto, ¿cuál
es entonces su objeto? La única respuesta posible es que su objeto es
él mismo. En este caso, se trata del pensamiento que se piensa a sí
mismo, del pensamiento autopensante. Y decir esto equivale a proclamar que el
Absoluto es espíritu, el sujeto infinito autoluminoso o autoconsciente.
La afirmación de que el Absoluto es espíritu constituye para Hegel
su definición suprema.
Al
decir que el Absoluto es el pensamiento autopensante, Hegel está, sin
duda, repitiendo la definición de Dios que da Aristóteles, hecho
del que es bien consciente. Pero sería una gran equivocación pensar
que Hegel está hablando de una deidad trascendente. El Absoluto es, tal
como hemos visto, la totalidad, la realidad toda, y esta totalidad es también
un proceso. En otras palabras, el Absoluto es un proceso de autorreflexión:
la realidad llega a conocerse a sí misma, y lo hace en y a través
del espíritu humano. La naturaleza es una condición necesaria
previa de la conciencia humana en general, y proporciona la esfera de lo objetivo
sin la cual no puede existir la esfera de lo subjetivo. Pero ambos son momentos
de la vida de lo Absoluto. En la naturaleza, el Absoluto penetra, por así
decirlo, o se expresa a sí mismo en la objetividad. Para Hegel no puede
decirse que la naturaleza sea irreal o simplemente idea en un sentido subjetivista.
En la esfera de la conciencia humana, el Absoluto vuelve a sí mismo,
es decir al espíritu, y la reflexión filosófica de la humanidad
es el autoconocimiento del Absoluto.
Es
decir, la historia de la filosofía es el proceso por el cual la razón
llega a ver toda la historia del cosmos y toda la historia del hombre como autodesarrollo
del Absoluto.
También
se puede plantear de esta manera. Hegel está de acuerdo con Aristóteles
en que Dios es el pensamiento que se piensa a sí mismo, y en que este
pensamiento autopensante es el "telos" o fin que conduce al mundo
a su causa final. Pero mientras el pensamiento que se piensa a sí mismo
de Aristóteles es, digamos, una autoconciencia ya constituida que no
depende del mundo, el pensamiento que se piensa a sí mismo de Hegel no
es una realidad trascendente sino el conocimiento que el mundo tiene de sí
mismo. Todo el proceso de la realidad es un movimiento teleológico hacia
la realización del pensamiento autopensante, y, en este sentido, el pensamiento
que se piensa a sí mismo es el "telos" o fin del universo.
Pero se trata de un fin que es inmanente al proceso mismo. El Absoluto, el universo
o totalidad, puede definirse, por supuesto, como pensamiento autopensante, pero
es un pensamiento que llega a pensarse a sí mismo y en este sentido podemos
decir, al igual que Hegel, que el Absoluto es esencialmente un resultado.
Decir,
por lo tanto, que el Absoluto es pensamiento que se piensa a sí mismo,
es afirmar la identidad de lo ideal y lo real, de la subjetividad y la objetividad.
Pero esto es una identidad-en-la-diferencia, no una identidad vacía e
indiferendada. El espíritu se ve a sí mismo en la naturaleza:
ve a la naturaleza como la manifestación objetiva del Absoluto, como
una manifestación que es la condición necesaria para su propia
existencia. En otras palabras, el Absoluto se conoce a sí mismo como
la totalidad, como el proceso completo de su devenir, pero al mismo tiempo conoce
las distinciones entre las fases de su propia vida. Se conoce a sí mismo
como una identidad-en-la-diferencia, como la unidad que comprende las fases
distinguibles dentro de sí mismo.
Como
hemos visto, la labor de la filosofía es construir la vida del Absoluto,
es decir, debe mostrar de una forma sistemática la estructura dinámica
racional, el proceso teleológico o movimiento de la razón cósmica,
en la naturaleza y la esfera del espíritu humano que culmina en el conocimiento
del Absoluto de sí mismo. No es cuestión, por supuesto, de que
la filosofía trate de hacer otra vez, o de hacer mejor, el trabajo reali-zado
ya por la ciencia empírica o por la historia. Este conocimiento se supone
de antemano. Más bien, podemos decir que la misión de la filosofía
es esclarecer el proceso teleológico básico que, en forma distinta,
se encuentra inmanente en el mundo material, el proceso que da a dicha materia
su significación metafísica. En otras palabras, la filosofía
ha de mostrar de forma sistemática la autorrealización de la razón
infinita en y a través de lo finito.
Ahora
bien, tal como Hegel cree, como lo racional es lo real y lo real es lo racional,
en el sentido de que la realidad es el proceso necesario por el cual la razón
infinita, el pensamiento autopensante, se realiza a sí mismo, podemos
afirmar entonces que la naturaleza y la esfera del espíritu humano son
el campo en el que se manifiesta la idea eterna o la esencia eterna. Es decir,
podemos distinguir entre la idea o esencia que se realiza y el campo de dicha
realización. Podemos entonces tener una panorámica de la idea
eterna o logos manifestándose a sí mismo en la naturaleza y en
el espíritu. En la naturaleza el logos se vuelca, por así decirlo,
en la objetividad, en el mundo material, que es su antítesis. En el espíritu
(la esfera del espíritu humano), el logos vuelve a sí mismo en
el sentido de que se manifiesta a sí mismo como lo que es esencialmente.
La vida del Absoluto comprende entonces tres fases principales: la idea lógica
o concepto, la naturaleza, y el espíritu. Y el sistema filosófico
se dividirá en tres partes principales: lógica, que para Hegel
es la metafísica en tanto estudia la naturaleza de lo Absoluto "en
sí mismo"; la filosofía de la naturaleza; y la filosofía
del espíritu. Estas tres partes juntas forman la construcción
filosófica de la vida del Absoluto.
(...)
Pero
si afirmamos que la filosofía ha de mostrar la vida del Absoluto en forma
conceptual, surge enseguida una dificultad. El Absoluto es, como ya hemos visto,
identidad-en-la-diferencia. Por ejemplo, es la identidad-en-la-diferencia del
infinito y de lo finito, del Uno y de lo múltiple. Pero los conceptos
de infinito y finito como del Uno y lo múltiple, parecen excluirse mutuamente.
Si la filosofía funciona con conceptos claramente definidos, ¿cómo
puede construir la vida de lo Absoluto? Y si opera con conceptos vagos y mal
definidos, ¿cómo puede ser un instrumento apto para entender cualquier
cosa? ¿No sería mejor decir, como hace Schelling, que el Absoluto
trasciende el pensamiento conceptual?
Para
Hegel, esta dificultad surge a nivel de entendimiento, pues el entendimiento
plantea y fija perpetuamente conceptos estáticos de tal naturaleza que
no puede superar las oposiciones que él mismo plantea. Tomando el mismo
ejemplo que hemos dado ya, para el entendimiento los conceptos de lo finito
y lo infinito están irre-vocablemente opuestos. Si finito, entonces no
infinito; si infinito, entonces no finito. Pero la conclusión que se
obtiene es que el entendimiento es un instrumento inadecuado para el desarrollo
de la filosofía especulativa, no que la filosofía sea imposible.
Está claro que si el término "entendimiento" se toma
en un sentido amplio, la filosofía es un entendimiento. Pero si el término
se toma en un sentido restringido (Verstand), la mente, funcionando de esta
manera, no es capaz de producir el entendimiento (en el sentido amplio) que
es, o debiera ser, característico de la filosofía.
Hegel
no tiene, desde luego, la intención de negar que el entendimiento, en
el sentido de la mente funcionando como "Verstand", tiene su cometido
en la vida humana. En la práctica, a menudo es importante mantener conceptos
y oposiciones claros. La oposición entre lo real y lo aparente podría
ser algo a tener en cuenta. Además, gran parte del trabajo científico,
tal como las matemáticas, está basado en el "Verstand".
Pero es diferente cuando la mente trata de captar la vida del Absoluto, la identidad-en-la-diferencia.
No se puede entonces quedar satisfecho con el nivel de entendimiento que, para
Hegel, es un nivel superficial. Hay que penetrar más profundamente en
los conceptos, que son categorías de la realidad, y se verá entonces
cómo un concepto dado tiende a ser o a provocar su contrario. Por ejemplo,
si la mente piensa el concepto de finito, lo ve perdiendo su rígida autosuficiencia
y emergiendo el concepto de lo infinito. De igual forma, si la mente piensa
realmente en el concepto de realidad como opuesto a la apariencia, verá
lo absurdo o "contradictorio" de una realidad que no aparece ni se
manifiesta a sí misma en modo alguno. Por otra parte, desde el punto
de vista del sentido común y de la vida práctica, una cosa es
diferente de todas las demás, es idéntica a sí misma y
niega a todas las demás. Y mientras que no nos preocupemos de pensar
lo que quiere decir en realidad, la idea tiene su utilización práctica.
Pero una vez tratemos de pensarla realmente, veremos lo absurdo del concepto
de una cosa por completo aislada, y estaremos obligados a negar la negación
original.
Así
pues, en la filosofía especulativa, la mente ha de elevarse a sí
misma desde el nivel del entendimiento, en un sentido estricto, al nivel del
pensamiento dialéctico, que supera la rigidez de los conceptos del entendimiento
y ve a un concepto generando o pasando a ser su contrario. Sólo así
puede pensarse en captar la vida del Absoluto en el que un momento o fase pasa
necesariamente a otro. Pero esto no es suficiente. Si, para los conceptos intelectuales,
A y B están irrevocablemente opuestos, mientras que para la más
profunda penetración del pensamiento dialéctico, A pasa a B y
B a A, tiene que haber una unidad superior o síntesis que los una sin
anular sus diferencias. Y captar este momento de identidad-en-la-diferencia,
es función de la razón (Vernunft). Así, la filosofía
exige la elevación del entendimiento, a través del pensamiento
dialéctico, al nivel de la razón o del pensamiento especulativo,
que es capaz de aprehender la identidad-en-la-diferencia.
Tal
vez no sea necesario añadir que, desde el punto de vista de Hegel, no
se trata de esgrimir un nuevo tipo de lógica que le permita establecer
una concepción preconcebida y arbitraria de la realidad, pues él
cree sinceramente que el pensamiento dialéctico penetra más profundamente
en la realidad que el entendimiento, en el sentido estricto del término.
Por ejemplo, no se trata, para Hegel, de insistir en que el concepto de lo finito
pase a ser o provocar en sí el concepto de lo infinito simplemente porque
existe una creencia preconcebida de que el infinito existe en y a través
de lo finito. Está convencido por completo de que no podemos pensar lo
finito si no lo relacionamos con lo infinito. No somos nosotros los que hacemos
algo con el concepto, haciendo malabares con él, sino que es el concepto
mismo el que pierde rigidez y se hace pedazos ante la mirada atenta de la mente.
Y este hecho, que nos revela la naturaleza de lo finito, tiene una significación
metafísica.
En
la descripción que hace Hegel del pensamiento dialéctico, utiliza
el término "contradicción" de una forma bastante desconcertante.
A través de lo que él llama el poder de lo negativo, el concepto
del entendimiento da lugar a una contradicción. Es decir, la contradicción
implícita en el concepto se hace explícita cuando el concepto
pierde su rigidez y autosuficiencia y pasa a convertirse en su contrario. Por
otra parte, Hegel no duda en expresarse como si las contradicciones existieran
no sólo en el pensamiento conceptual o discursivo, sino en las cosas
mismas. Y, de hecho, esto tiene que ser así de alguna forma, si es cierto
que la dialéctica es reflejo de la vida del Absoluto. Además,
esta insistencia sobre el papel de la contradicción no es un mero incidente
del pensamiento de Hegel, pues el surgimiento de la contradicción es
la fuerza motriz, dijéramos, del movimiento dialéctico. El conflicto
entre los conceptos opuestos y la resolución de dichos conflictos en
una síntesis, que da lugar ella misma a otra contradicción, es
lo que dirige sin descanso a la mente hacia un término ideal, una síntesis
que todo lo abarca, el sistema completo de la verdad. Y, tal como hemos hecho
notar, esto no significa que la contradicción y el conflicto estén
confinados al discurso sobre la realidad. Cuando la filosofía considera,
por ejemplo, la historia del hombre, descubre el movimiento dialéctico
en pleno funcionamiento.
(...)
El
Absoluto es la totalidad, el universo, y esta totalidad es un proceso teleológico,
la realización del pensamiento que se piensa a sí mismo. La naturaleza
esencial de este proceso puede considerarse en abstracto, y toma entonces la
forma de la idea lógica, pero ésta no existe como una realidad
subsistente lógicamente anterior a la naturaleza y que es la causa eficiente
de la misma. La idea refleja el fin o resultado del proceso más bien
que una realidad substancial que se da al comienzo del mismo. De aquí
se deduce que no puede hablarse de que la naturaleza se derive ontológicamente
de la idea lógica como causa eficiente. Y lo que se llama deducción
de la naturaleza a partir de la idea es en realidad una demostración
del hecho, o de lo que se pretende que sea un hecho, de que la naturaleza es
una condición previa necesaria para la realización de la finalidad
del proceso total de la realidad, el conocimiento que el universo tiene de sí
mismo en y a través del espíritu humano.
Me
parece a mí que la interpretación precedente puede ser aceptada
en la medida en que niega la existencia separada de la idea lógica como
realidad distinta del mundo o como causa externa eficiente del mundo. Para Hegel
el infinito existe en y a través de lo finito; lo universal vive y posee
un ser en y a través de los particulares. De aquí se deduce que
en su sistema no ha lugar para la causa eficiente que transciende al mundo en
el sentido de que existe independientemente de él. Al mismo tiempo, aun
cuando el infinito exista en y a través de lo finito, es obvio que las
cosas finitas surgen y desaparecen. Son lo que podría llamarse manifestaciones
transitorias de una vida infinita. Y Hegel tiende de hecho a hablar del "logos"
como si estuviera pulsando la vida, la razón dinámica o pensamiento.
Existe, es cierto, solamente en y a través de sus manifestaciones, pero
como se trata de una vida continua, del ser que se realiza a sí mismo
como lo que es en potencia, es decir, como espíritu, es normal que se
consideren las manifestaciones pasajeras como dependientes ontológicamente
de la vida inmanente, como un "exterior" en relación con un
"interior". Y Hegel puede por tanto hablar de que el "logos"
se manifiesta de forma espontánea en o transformándose en naturaleza,
pues el ser, el Absoluto, la totalidad infinita, no es una mera colección
de cosas finitas, sino una vida infinita, el espíritu autorrealizándose.
Es el universal de los universales, y si bien existe solamente en y a través
de los particulares, él persiste mientras que éstos no. Por ello
es perfectamente razonable hablar del "logos" como expresándose
o manifestándose en las cosas finitas. Y como es el espíritu absoluto
el que pasa a existir como tal a través del proceso de su propio autodesarrollo,
la naturaleza material se concibe entonces como su opuesto, el opuesto que es
una condición previa para alcanzar el fin o "telos" del proceso.
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