Dualismo
II.F.
Dualismo
Moderado o Monismo Emergentista
LA
UNIDAD DEL SER HUMANO EN
LAS
CIENCIAS NATURALES
Y
EN LA ANTROPOLOGÍA CRISTIANA
José
M. Guibert
En
esta comunicación voy a presentar algunas reflexiones que tienen que
ver con la relación entre la antropología cristiana y las ciencias
naturales. En concreto, voy a analizar la ontología del ser humano, entendiendo
por esto la pregunta sobre cuáles son el o los constituyentes últimos
del mismo. En primer lugar voy a hacer algunas referencias a la necesidad que
tiene la teología de dialogar con las ciencias naturales para que su
mensaje esté inculturado. Después voy a comparar la visión
de la unidad constitutiva del ser humano según el filósofo John
Searle, como ejemplo de filósofo analítico que quiere ser consecuente
con la imagen del ser humano que nos dan las ciencias naturales, en concreto
la biología, y la del teólogo Karl Rahner, que también
quiere articular el problema de la unidad del ser humano. Por último,
voy a valorar estas dos propuestas y hacer unos comentarios conclusivos acerca
de esta pregunta sobre la unidad ontológica del ser humano.
Existen
bastantes afirmaciones de teólogos que apuestan por que las ciencias
naturales y la teología tengan algún tipo de relación y
punto de encuentro. Algunos teólogos, plantean retos desde la teología
a las ciencias naturales. Aquí me voy a fijar en algunos retos que desde
las ciencias se hacen a la teología. Veamos dos ejemplos:
"Cualquier
afirmación sobre la relación de Dios hacia el mundo, cualquier
doctrina de la creación, si no quiere ser vacía o estéril,
debe ser acerca de la relación de Dios a, o de la creación de
Dios de, el mundo que describen las ciencias naturales. Me parece que ésta
no es una situación que la teología cristiana, o cualquier teología,
pueda elegir o ni siquiera deban esperar hacerlo. Y esto porque la perspectiva
científica sobre el mundo aporta las respuestas disponibles más
fiables a las preguntas que los seres humanos siempre se han preguntado sobre
el mismo: ¿Qué hay? ¿Qué pasa? ¿Cómo
cambia? ¿Por qué cambia?"
"En
el mundo moderno el mayor reto al Cristianismo en las mentes de los occidentales
ha sido la ciencia y los modos de pensar que ésta inspira. En la medida
en que la Iglesia en la moderna Europa ha evitado ser metida en un gueto, esto
ha sido por el resultado de su asimilación de, y su transformación
por, la cultura científica. Por otro lado, la resistencia de la Iglesia
a la apropiación de la verdad universal ofrecida por la ciencia moderna
ha sido un factor clave en el declinar de la convicción entre sus filas
y en el debilitamiento de su capacidad de conformar y guiar el pensamiento moderno".
La
historia enseña que la teología se ha inculturado en nuevos marcos
de referencia cuando ha sido necesario. Las formulaciones y doctrinas teológicas
están influenciadas por la cultura de cada época. El cristianismo,
que nació en una mentalidad hebrea, ha tenido que aprender de otros movimientos
y patrones culturales para adaptarse a las nuevas situaciones, en otras palabras,
para sobrevivir. Este proceso, llamado inculturación, permite a la comunidad
religiosa evitar permanecer en un gueto social y cultural. En este proceso también
hay otro extremo a evitar que es el asimilar de manera acrítica los elementos
de las culturas.
Puede
ser útil mencionar aquí algunos ejemplos de inculturación
de la religión en las cosmovisiones de las distintas épocas. Uno
es el relato sacerdotal de la creación en el libro del Génesis,
en el que las cosmologías de la Antigua Mesopotamia fueron adoptadas
y purificadas por los autores de los textos bíblicos. Los autores de
los relatos sacerdotales del primer capítulo del Génesis, por
ejemplo, dan una nueva forma al mito de la creación que aparece en el
poema épico babilonio Enuma Elish, para con ello dar su particular mensaje
teológico.
Pueden
verse otros dos ejemplos en la historia del cristianismo, uno en los primeros
siglos de nuestra era y otro en la edad media.
Quizá
el mayor ejemplo de interacción entre cristianismo y cultura es su inculturación
en el mundo helenístico. Nuevos términos técnicos como
"persona", "naturaleza" o el polémico "consubstancial"
fueron introducidos en los credos cristianos. La inculturación hizo posible
la supervivencia del cristianismo y de su identidad. Como afirma John B,. Cobb:
"Si el cristianismo no se hubiera apropiado de la verdad del neoplatonismo,
sería dudoso que hubiera ganado la amplia aceptación que de hecho
logró".
El
otro ejemplo son las reformulaciones teológicas de los pensadores medievales.
Los filósofos y traductores islámicos mantuvieron viva la herencia
aristotélica entre el declive de Grecia y el nacimiento de la Escolástica.
Gracias a ellos fueron disponibles los trabajos de Aristóteles y se enseñaron
en las universidades europeas en la Edad Media. El modo aristotélico
de entender la ciencia y la filosofía llegaron a ser dominantes en aquella
cultura; era la ciencia de la época. Esto supuso un gran reto a los teólogos
de la época y tuvieron que hacer grandes esfuerzos para reconciliar la
doctrina cristiana con la filosofía aristotélica. Esto llevó
a la síntesis medieval del siglo XIII en que, por ejemplo, el hilemorfismo
de la filosofía natural aristotélica fue utilizado para iluminar
varias áreas de la teología.
Estos
dos últimos ejemplos se refieren a la interacción de la teología
con nuevas categorías filosóficas. El problema es discernir si
se trata de asimilaciones adecuadas o de acomodaciones demasiado forzadas. Hoy
en día, un nuevo reto es la posible integración entre los contenidos
de la teología y los contenidos de la ciencia. ¿Hablan de la misma
realidad? ¿es posible que haya un diálogo entre la fe y la ciencia?
¿es posible superar los compartimentos estancos? ¿se habla de
temas y realidades que no tienen nada que ver? ¿se utilizan los mismos
términos para expresar realidades totalmente distintas?
En
esta comunicación presento algunas reflexiones sobre las posiciones de
Searle, en el debate mente-cerebro, y Rahner, sobre espíritu y materia,
acerca de la unidad del ser humano. En principio, en una primera aproximación
parece que tanto Searle como Rahner no sólo escriben con distintos fines
sino que están hablando de temas distintos. Esto puede ser porque los
términos que emplean (materia-espíritu o mente-cerebro) son distintos.
Sin embargo, en una aproximación más detallada, vemos que hay
un elemento común en la discusión que estos dos autores presentan.
Se trata de ofrecer una visión filosófica adecuada de la unidad
constitutiva del ser humano, ontológicamente considerada.
Es
difícil describir en pocas líneas el amplio rango de posiciones
con respecto a los constituyentes del ser humano que hemos heredado de nuestras
tradiciones filosóficas. En concreto, voy a dividir las posiciones en
cuatro: dualismo extremo, dualismo moderado, monismo emergentista y materialismo
reduccionista. Después explicaré dónde veo tanto a Searle
como a Rahner dentro de este conjunto de posiciones.
Denomino
"dualista" la postura que afirma que la realidad tiene dos principios
causales irreductibles, el espíritu y la materia. Con el apelativo "extremo"
hago referencia a la visión que quiere oponerse radicalmente a la unidad
del ser humano. La materia se ve como algo negativo y el espíritu tiene
su realización lejos de la materia. Por esto se debilita la idea de unidad
en el ser humano. Con dualismo "moderado" me refiero a la visión
dualista que mantiene una forma de unidad del ser humano, a pesar de su división
en dos componentes. En las visiones dualistas tradicionales de la filosofía
occidental los constituyentes del ser humano eran el espíritu y la materia
o el alma y el cuerpo. Hoy en día, las nuevas versiones de dualismo que
vienen del campo de la neurociencia proponen un dualismo entre mente y cerebro
como, por ejemplo, el dualismo interaccionista de Eccles. Una posición
dualista moderada hace referencia siempre a dos partes o dos elementos que constituyen
la unidad del ser humano. En la visión dualista moderada esas dos partes
están unidas y no pueden ser entendidas separadamente. Esas dos partes
se definen siempre como íntimamente relacionadas y necesitadas una de
la otra.
Por
otro lado, en este esquema, "monismo" es la respuesta al problema
de la unidad que afirma que solo hay un principio ontológico en la realidad.
"Materialismo" es una versión del monismo que defiende que
la materia es el único principio de la realidad. La materia es todo lo
que hay. El término "emergente" añade un importante
matiz indicando que el monismo ha de entenderse como una posición que
entiende la materia como algo que puede ser capaz de organizarse y evolucionar
hasta tener como propiedades, la vida, los estados mentales o la conciencia.
Estas
propiedades son características de la materia cuando se organiza de cierta
manera, aunque aún no sepamos con precisión cómo ocurre.
Son propiedades o características de sistemas. Con materialismo "reduccionista"
me refiero a la posición que explica la unidad del ser humano negando
estatus ontológico a la conciencia o a otros fenómenos mentales.
La materia es algo inerte y solo mecánica. Su idea del mundo sería
algo cercano a lo que ocurriría si eliminamos la parte espiritual de
la visión del mundo cartesiano.
Utilizando
los términos arriba presentados, comparo ahora las posiciones de Searle
y Rahner. Los dos afirman que quieren superar visiones "dualistas"
del ser humano. Cuando Rahner dice que ataca el dualismo, se refiere al dualismo
extremo. Por otro lado, Searle tiene como referentes más cercanos a quienes
atacan a las posiciones materialistas extremas. Éstas niegan la irreductibilidad
ontológica de la mente, la conciencia o la subjetividad. Searle es un
ejemplo de monista emergentista que quiere justificar razonadamente la compatibilidad
de hechos como la conciencia o la subjetividad con un visión monista
del mundo. La respuesta de Searle al problema de la unidad incluye la irreductibilidad
ontológica de la mente como una de sus características decisivas.
La idea de causa que Searle utiliza para describir la mente ("brains cause
minds") puede parecer en un principio que le fuerza a una visión
determinista del mundo y también a un determinismo psicológico.
Sin embargo, su convicción de la experiencia de libertad es tan fuerte
que también describe como compatible y consistente la experiencia de
la libertad con la visión de la unidad del ser humano que expone.
Por
otro lado, creo que Rahner incluiría a Searle en lo que llama antropologías
empíricas. Según Rahner las antropologías empíricas
establecen relaciones causales y funcionales entre elementos y no pueden justificar
la subjetividad o la libertad en el ser humano. Sin embargo, la posición
de Searle sería la de una antropología empírica particular.
Una de las características más interesantes de su postura es su
propuesta de que la mente puede ser causalmente reducible a procesos cerebrales,
pero es al mismo tiempo una propiedad sistémica del cerebro ontológicamente
irreducible. En el pensamiento sistémico, hechos como la mente son descritos
como propiedades del sistema. No son una parte diferente sino una propiedad
o característica del conjunto.
Por
su parte Rahner afirma que el espíritu y la materia son elementos constitutivos
de toda realidad y que el cuerpo y el alma son dos partes del ser humano. Utiliza
la analogía de las partes y el todo referiéndose al espíritu,
la materia y el ser humano. Estos términos, "elemento" y "parte",
denotan un visión que todavía mantiene nociones que son rechazadas
en la visión de Searle por ser dualistas y no la mejor manera de describir
el mundo en que vivimos. Esto es lo que la visión emergentista monista
sobre el ser humano añadiría a posiciones como la de Rahner.
Sin
embargo, el dualismo de esta solución rahneriana podemos calificarlo
como de moderado. Uno de los aspectos más valiosos de la contribución
de Rahner en este debate sobre la unidad es su modo de argumentar la unidad
entre espíritu y materia. Lo hace utilizando los términos dualistas
de espíritu y materia, basado en la filosofía dualista tomista.
Sin embargo, distingue su posición claramente de lo que él llama
posturas gnósticas o platónicas extremas en las que el dualismo
entre espíritu y materia es más profundo. Searle no parece que
considera importante la diferencia que antes he hecho yo entre esos dos dualismos.
Juzgaría que los dos son cuestionables porque ninguno describe adecuadamente
la unidad del ser humano. Sin embargo, creo que la respuesta al problema de
la unidad del ser humano es muy diferente en esos dos tipos de dualismos. La
versión moderada del dualismo destaca la unidad del ser humano mucho
más intensamente que la versión "extrema" del mismo.
En la visión moderada de Rahner, su opinión positiva de la materia,
necesaria para la salvacion, la encarnación, etc. es otro hecho que le
hace alejarse de la posición dualista extrema. Sus intentos de mostrar
que el espíritu y la materia tienen más en común que lo
que les diferencia disminuye el matiz dualista de su postura y refuerza su idea
de unidad. Sus esfuerzos por mostrar que el materialismo es una idea que tiene
su raíz en el cristianismo van en la misma dirección. La postura
de Rahner es un paso adelante comparado con la antropología metafísica
tradicional de los cristianos que siguen el pensamiento griego.
Estoy
de acuerdo en la insistencia de Rahner en que hay diferencias esenciales en
la realidad, es decir, que no hay una absoluta homogeneidad y uniformidad en
el mundo. Sin embargo, ideas como la esencial diferencia entre materia y espíritu
pueden llevar a conclusiones erróneas. Creo que esta solución
al problema de la unidad puede recalcar demasiado el aspecto dual de nuestra
experiencia y debilitar la unidad que ontológicamente somos. Sin embargo,
creo que hay un cambio en los escritos de Rahner en los últimos años
de su vida. En el último texto analizado en este trabajo, Natural Science
and Reasonable Faith, no defiende la idea de una diferencia esencial entre espíritu
y materia. Reconoce que la diferencia esencial entre espíritu y materia
no es una proposición de fe. Más aún, sugiere que el intento
de prohibir el considerar lo espiritual y lo material como elementos constitutivos
esenciales continuos de cualquier ser finito no es más que un "tradicional"
e "incómodo" modo de enfatizar la diversidad y la gradación
de la realidad.
En
esta última parte del trabajo presento algunas conclusiones del análisis
anterior. Después de haber hecho esta comparación entre una posición
monista emergente y otra dualista moderada con respecto a la unidad del ser
humano, creo que la posición monista emergente explica la unidad del
ser humano mejor que la posición dualista "moderada". Creo
que lo que los teólogos pueden aprender de la visión monista emergentista
es a unir más al ser humano con el resto de la naturaleza creada de una
manera mucho más radical de lo que se ha hecho en la historia de la teología.
Las visiones monistas darían una nueva base a la tarea de la antropología
teológica. Se basan en el pensamiento sistémico, utilizando nociones
como "propiedades de un sistema". Como apunta Alexandre Ganozcy, el
pensamiento sistémico, que es más común en las ciencias
naturales, puede estimular a la doctrina cristiana de la creación enfatizando
la unidad de los diferentes aspectos de la creación.
Por
otro lado, como he afirmado ya, creo que Rahner hace una gran contribución
enfatizando la unidad del ser humano. Sin embargo, continúa utilizando
categorías y una división del mundo que durante los últimos
2500 años han sido parte de nuestra cultura. Las afirmaciones "todo
lo que hay es materia", "el espíritu es una propiedad material"
o "la materia es espiritual" pueden suponer ciertos cambios en el
lenguaje religioso tradicional y una nueva aproximación a la realidad.
Destacan la unidad del universo, manteniendo las características humanas
genuinas. Por otro lado, creo que son más consistentes con el mundo que
las ciencias describen. Como dice Arthur Peacocke en su reflexión sobre
la biología contemporánea, necesitamos nuevos teólogos
que "continúen en nuestros días lo que, por ejemplo, los
padres capadocios o santo Tomás de Aquino hicieron en su tiempo en relación
con la filosofía y ciencias contemporáneas".
Una
última conclusión que quiero señalar tiene que ver con
la crítica, que podemos denominar liberacionista, que pudiera hacerse
al análisis llevado a cabo en este trabajo. La visión liberacionista
nos recuerda que dedicarse a cuestiones de ontología o de inteligibilidad
del mensaje cristiano tiene el peligro de olvidar que la teología ha
de estar al servicio de la salvación y, más en concreto, de la
liberación integral del ser humano, más que a la pura inteligibilidad
a-contextuada del mensaje cristiano.
(Pero)
una correcta solución al problema alma-cuerpo o mente-cerebro puede tener
repercusiones liberacionistas. Una visión que evita el dualismo posibilita
el asumir la realidad, aceptar lo material y no hacer compartimentos estancos
entre realidades buenas y malas. Evita legitimar evasiones de lo material y
de los problemas humanos tratando solo de "salvar el alma", despreciando
consciente o inconscientemente el cuerpo y la materia creada. Por otro lado,
una visión del ser humano que evita la visión materialista extrema
evita de alguna manera legitimar un mundo sin valores éticos y sociales.
El mundo, y dentro de él el ser humano, es el sacramento de la presencia
de Dios y de su amor comunicativo.
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